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Afectaciones cerebrales de un nocaut

 

Transcurría el cuarto round de la pelea por el campeonato de la división superligera cuando el mexicano Omar Chávez (hijo mayor del legendario Julio César Chávez) propinó un derechazo al rostro de su compatriota Marco Antonio “Texano” Nazareth, para derribarlo y enviarlo totalmente noqueado al hospital, donde moriría días después por enclavamiento cerebral.


El caso del mexicano no es extraño en este deporte, pues en el mundo del boxeo esto sucede con cierta frecuencia. En 2010 un estudio publicado en la revista “Neurosurgery” reportó un total de 339 muertes de 1950 a 2007, de las cuales 64 por ciento se asociaron a nocaut efectivo, y 15 a nocaut técnico. Las categorías inferiores como mosca y gallo son las más afectadas, con 22 por ciento cada una.


El 61 por ciento de las muertes ocurrió en el ring, el 17 en el vestidor y el 22 fuera de la arena, como el “Texano” Nazareth que murió en el hospital. En cuanto a los países con más muertes; Estados Unidos tiene el mayor con un porcentaje de 23, Europa con 13, Centro y Sudamérica con 10, y compartiendo el nueve por ciento están México, África y Filipinas


Un golpe como el que provoca un nocaut lleva tanta potencia que hace que el cerebro se estrelle en repetidas veces con las paredes de la bóveda craneal, provocando la interrupción de la conexión que existe entre cerebro y cuerpo, lo que causa la pérdida de conciencia en el boxeador. Al mismo tiempo las venas y arterias que rodean al cerebro sangran y forman un hematoma, denominado subdural, que incrementa la presión dentro del cráneo, donde la única manera de desfogarla es a través del agujero occipital, (vía por dónde se conecta la médula espinal al cerebro) ubicado en la parte inferior y posterior de la cabeza.


Pero esto conlleva un riesgo aun mayor, pues el cerebro, al igual que la sangre, busca una salida y empieza a bajar por la parte occipital y aprieta las partes inferiores del cerebro, mismas que controlan las funciones vitales del cuerpo (ritmo cardiaco, respiración y temperatura) para la supervivencia. La prolongada opresión de estos puntos causa la muerte por paro cardiaco o respiratorio, conocido en el mundo del boxeo como muerte por enclavamiento cerebral.


Las consecuencias tardías de los constantes traumatismos que sufren los boxeadores son: dificultades para ver, hablar y coordinar ciertos movimientos del cuerpo. Esto se da porque la transferencia de información entre neuronas se ve entorpecida por la inflamación o por la inadecuada cicatrización de las microrrupturas cerebrales.


El Subdirector de Atención Integral al Deportista de la Comisión Nacional de Cultura y Deporte (Conade), Héctor Alberto Martínez Meléndez, explicó el procedimiento para salvar la vida de un boxeador que sufre enclavamiento cerebral.


“Para impedir que el peleador muera, los neurocirujanos hacen una maniobra quirúrgica, para tratar de descomprimir el cerebro, cortan una parte de la bóveda craneana para drenar la sangre y hacer que disminuya la presión, después de eso se debe regresar el cerebro a su posición original y esperar a que desinflame”.  

Esta situación también existe en el boxeo amateur, pero en menor medida ya que aunque es el mismo deporte, existen muchas diferencias en las reglas que sirven para cuidar la integridad física como son: guantes de 16 onzas, careta, protector bucal y se pelan tres rounds de tres minutos.


De acuerdo con el especialista en boxeo de la Conade, en el amateur el 8.7 por ciento de peleas termina en nocaut, mientras que el profesional va del 17 al 50 de porcentaje y de esos pugilistas el 86 por ciento termina mínimo con dolores de cabeza por largos periodos. Añadió que al haber dos tipos de box, no existe una institución médica que se encargue de dar seguimiento a las muertes por nocaut.


El síndrome del segundo impacto se origina después de ser noqueado; llega la conmoción seguida de dolores de cabeza, mareos, vómitos y si después el mismo boxeador recibe otro nocaut, corre en un 50 por ciento el riesgo de morir porque la lesión anterior no se curó. Por esta razón un peleador que ha sufrido un nocaut no debe pelear en un periodo de 3 meses. En el ámbito profesional las peleas tienen un promedio de dos meses entre cada pelea, por la intensidad y cantidad de golpes recibidos en la cabeza, a diferencia de los pugilistas amateurs, que pueden realizar de tres a ocho peleas en dos semanas.


“Si bien el boxeo ayuda a generar áreas cerebrales de coordinación motriz bastante especializadas, el hecho de traumatizar constantemente el cerebro puede hacer que se pierdan capacidades coordinativas y también físicas” concluyó  Martínez Meléndez.

 

Redacción

Equipo de redacción de la red de Mundodehoy.com, LaSalud.mx y Oncologia.mx

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