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A un año del primer fallecimiento por COVID-19 en México

Por: Carlos Santos-Burgoa, Académico Titular, Academia Nacional de Medicina Profesor de Salud Global y Ambiental, George Washington University, DC, EUA. 19 de Marzo, 2021

Hoy hace un año, la Secretaria de Salud comunicó la primera defunción por COVID-19. Sabemos con la información oficial actualizada que para esa fecha ya había 8 defunciones. La pandemia en México comenzaba su rastro de pérdidas definitivas. Al momento de escribir esta nota, se ha consumado lo que preveíamos en estas páginas en Junio del año pasado: COVID-19 es la primera causa de muerte en México, más que muertes cardiacas, infecciosas, endócrinas o cáncer, según la última estadística anual disponible en INEGI (Cuadro No.1).

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Luego de EUA y Brasil, somos ahora el tercer país informando más muertes confirmadas por COVID-19 en el mundo. Con una tasa nacional de 152.5 / 100,000 habitantes, la CDMX informa una tasa de 327.1 y Chiapas de 25.6 / 100,000.  Los datos de mortalidad son los más fidedignos dentro de cualquier nación, y nos dan la punta del iceberg del dolor y pérdida sufrido por una nación. Estas vidas perdidas, ya no son recuperables.

Un borrador de estimación del costo de la epidemia

He escuchado tanto por miembros de la sociedad, voceros y decisores nacionales y estatales, y profesionales de la salud, la argumentación que no se podían implementar las restricciones sanitarias más enérgicamente por el impacto económico de hacerlo, y que los más pobres serían muy afectados. Esto ha sido aceptado tácitamente: el “dejar ser”, con solo recomendaciones a seguir, lo más conveniente al país. Esto implica que se ha considerado la valuación económica, de cuánto de economía se pierde, de cuánto cuesta la atención de los casos que se favorecen sucedan, de cuál es el monto de empobrecimiento de las familias afectadas, de cómo se afecta a los más pobres, de cuánto cuesta la discapacidad y vidas perdidas, y de cuan permanente es este efecto. Siendo tan solo un epidemiólogo, traigo un elemento de valuación económica mundialmente utilizado y en México, que es el valor estadístico de una vida. Una monetización de la vida con fines de análisis económicos. Dejando a un lado el cuestionamiento de lo que para mí como médico es invaluable, la vida de un ser humano, me atrevo abordar el argumento de priorizar la actividad económica sobre las restricciones sanitarias. El dato de valor estadístico oficialmente publicado (por el INECC en 2017) es casi 50% más alto que otro (Limón, 2020) recientemente publicado. Apliqué este último a la mortalidad confirmada, agregando la diferencia de mortalidad excesiva informada en enero de este año, generé un estimado de afectaciones subcrónicas que se están observando post-COVID-19. Comparé el resultado con el presupuesto de Salud, y con los datos de pérdida estimada en el producto interno bruto nacional al 2020.

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Como puede observarse la perdida es de 2.6 billones de pesos, 21 veces más que el presupuesto aprobado de la Secretaria de Salud, y 61% más que la estimación de pérdida del PIB en México (1.6 billones). No incluye los otros costos directos e indirectos del periodo de enfermedad, ni la consideración de la distribución desigual de la mortalidad entre los más pobres. No solo empleo datos conservadores, sino éste es un estimador mínimo del costo real. Con una agravante: la pérdida comercial es recuperable (como se documentó durante la epidemia de Influenza A(H1N1)), mas una vida humana su pérdida es irreparable. Nos empobrecemos en vidas.

Los servicios de salud pública dentro del sistema de salud.

Ahora la sociedad está viendo actuar y apreciando la importancia de los servicios de salud pública, y no solo la atención médica curativa. Los servicios de vigilancia epidemiológica que nos informan las tendencias y los datos; los servicios regulatorios sanitarios que nos deben proteger a todos de los peligros, que aprueban los medicamentos y las vacunas, o que deben asegurarse que los centros de trabajo, restaurantes, sitios de reunión estén salubres y seguros; los servicios de promoción de la salud que nos ayudan a que como comunidad y sociedad podamos hacer los cambios de comportamiento, a generar salud en nosotros y los demás, e importantemente a concertar con los otros sectores sus acciones educativas, productivas, para construir intervenciones alineadas a producir salud; los servicios de prevención comunitaria para los cambios en la organización de la vida social, el transporte, la infraestructura, para facilitar el corte de contagios; los servicios de translación del conocimiento universal a las realidades locales. Durante este año difícil, estos servicios de salud pública se han visto confrontados a las deficiencias con las que llegaron, luego de años de lento crecimiento dominado todo por la demanda de inversión en insumos médicos y atención clínica. Si para la atención médica se contrataron más de 44,000 profesionales y técnicos, sin duda para la salud pública requerimos del doble. La proporción del presupuesto de salud que se invierte en estos elementos estratégicos actualmente es mínima, y lo ha sido por mucho tiempo.

Señalo en especial que la regulación sanitaria se ha reducido su función en salud pública cuando más la necesitamos, al de facto perder la agencia regulatoria federal, la COFEPRIS, su desconcentración de las decisiones centrales, le han hecho a un lado su autoridad para la autorización de insumos médicos a importar, de ser incapaz de vencer los conflictos de interés, opaca en las autorizaciones de vacunas, y de verse inmersa en un cambio interno que no le ha permitido actuar con agilidad, transparencia e integralidad para responder a la demanda social. Y menos a asegurar que la sociedad tenga lineamientos verificables para una actividad económica segura. Destaco también la limitada capacidad para generar el empoderamiento de la sociedad para ser agentes del cambio de comportamiento más grande, sincrónico, que se ha requerido para enfrentar la epidemia. Señalo estos dos elementos porque es ciertamente factible el tener actividad económica durante la pandemia, no a costa de la vida de trabajadores y consumidores. Para ello, se requiere de una cobertura de regulación sanitaria eficaz y rigurosa que ofrezca certidumbre a trabajadores, maestros, padres de familia, consumidores; así como de una efectiva promoción de la salud que impulse el cambio de comportamiento y establezca el vínculo intersectorial.

No todo es vacunas que, con paso lento y protección acotada, van llegando a la población. Se puede y debe actuar contra la epidemia, y reactivar la economía con acciones efectivas de salud pública.

Gobernanza y recomendaciones

En un esfuerzo inédito de muchas instituciones el Instituto Nacional de Salud Pública junto con otras 14 instituciones convocaron el 22 de Noviembre pasado a 40 expertos a generar recomendaciones constructivas al gobierno federal. Las recomendaciones realizadas en privado fueron posteriormente hechas públicas. Esfuerzos aun mas rigurosos se han efectuado por el Grupo Técnico Asesor de Vacunas. Sin embargo, todo esto no ha logrado modificar las decisiones; no parece estar llegando al oído específico en forma fidedigna. Y si llega, esto no está generando el ajuste de rumbo que requerimos. 196,606 defunciones nos lo reclaman. La ciencia ni la evidencia son nunca el único elemento para las decisiones, pero no sustentarlas en su información puede resultar muy dañino. Esto nos lleva al reto esencial que tenemos, en cómo se está decidiendo, y quienes realmente se involucran en ello: la gobernanza en la gestión de la pandemia en México. No es momento de recelo; es fundamental usar efectivamente las estructuras que con fuerza legal existen para gobernanza sectorial e intersectorial. Se requieren de todas las capacidades institucionales y sociales para detener las muertes innecesarias. Lo importante ahora de la autoridad sanitaria será el saber gestionar constructivamente todas esas capacidades que con buena voluntad y compromiso pueden contribuir.

A un año de la primera muerte en México, defendiendo el valor esencial de la vida humana y de la equidad, sabiendo que sí se puede reactivar saludablemente la economía, retomo algunas recomendaciones previas: (i) reoriéntese  radicalmente el presupuesto gubernamental (no el de salud, sino el gubernamental completo), a una inversión que priorice genuinamente proteger a la salud de la población y la reactivación económica saludable; (ii) infórmese a la sociedad y a decisores sobre el costo real de la epidemia; (iii) asegúrese, ya,  la cobertura efectiva de salud pública nacional y local; (iv) urgentemente reestructúrese la regulación en salud; (v) hay que impulsar el espacio de gobernanza, un proceso informado en la evidencia, y plantado en la realidad política y social del país, que puedan conducir el rumbo.

Claro que como país lo podemos hacer.

No queremos otras 200,000 defunciones en el país por COVID-19.

Referencias

Informe del primer fallecimiento por COVID19 en México. Marzo 19, 2020. https://twitter.com/SSalud_mx/status/

Marcelo de Lima (2020) The value of a statistical life in Mexico, Journal of Environmental Economics and Policy, 9:2, 140-166, DOI: 10.1080/21606544.2019.1617196

INECC. (2017). Estimación del valor de una vida estadística en México: un estudio de valoración contingente. México. Informe final. Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC). https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/436696/Informe_final_VEV_vf.pdf

UNDESA. World Economic Situation Prospects 2021, February 2021. https://www.un.org/development/desa/dpad/wp-content/uploads/sites/45/WESP2021_FullReport.pdf

INSP. Reflexiones sobre la respuesta de México ante la Pandemia de COVID-19 y sugerencias para enfrentar los próximos retos. INSP, BM, OPS-OMS, PUIS, UNAM, COLMEX, CEPAL, FUNSALUD, IMP, ANM, INER, INNSZ, ING, INCIC.  Publicado Enero 2021. https://www.insp.mx/avisos/recomendaciones-pandemia

Bautista A. Grupo Técnico Asesor de Vacunación COVID-19. Actualización del análisis de priorización de las vacunas para COVID-19 en México y recomendaciones. generadas. Diseminación rápida SPM. 4 de marzo, 2021. https://doi.org/10.21149/12571

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