Pantallas, Soledad e Inteligencia Artificial y Salud Mental: la visión de David Saucedo Martínez

La hiperconectividad digital emerge como un nuevo factor de riesgo para la salud mental, especialmente en población joven
Por: Carlos Henze / Fotografía: Daniela Escartin
LaSalud.mx / Sanamente.mx, Ciudad de México, 6 de mayo de 2026 .- En un escenario marcado por el aumento sostenido de los trastornos mentales tras la pandemia de covid-19, el Dr. David Eduardo Saucedo Martínez, psiquiatra y presidente de la Asociación Psiquiátrica Mexicana (APM), expuso una visión crítica y clínica sobre la situación actual de la salud mental en México, alertando sobre un repunte significativo de depresión, ansiedad, adicciones y conductas suicidas, así como sobre los nuevos desafíos que impone la vida digital y la inteligencia artificial en distintos grupos etarios.
En entrevista exclusiva para LaSalud.mx / Sanamente.mx, el Dr. David Saucedo explicó que, desde la era del covid-19, se ha observado un incremento dramático en la prevalencia de los trastornos mentales, tanto en el ámbito institucional como en la práctica privada. Los cuadros más frecuentes —señaló— son los trastornos afectivos de tipo depresivo y los trastornos de ansiedad, que rara vez se presentan de forma aislada y que con frecuencia se acompañan de adicciones, configurando lo que clínicamente se reconoce como patología dual.
Uno de los puntos que genera mayor preocupación es el aumento del suicidio, un fenómeno que no solo afecta a México sino al mundo entero. Saucedo recordó que cada 40 segundos una persona se quita la vida a nivel global, y subrayó que en más de la mitad de los casos existe una solicitud previa de ayuda, lo que obliga a los sistemas de salud y a los profesionales a no subestimar nunca el riesgo suicida. Desde la psiquiatría —indicó— existe un ABC clínico claramente establecido para evaluar y proteger la integridad de los pacientes en riesgo, siempre bajo un enfoque de trabajo en equipo.
El presidente de la APM destacó que existen dos picos etarios particularmente vulnerables: personas jóvenes y adultos mayores, grupos que comparten un factor común: la impulsividad. En términos de género, explicó que los hombres consuman el suicidio con mayor frecuencia, aun cuando las mujeres lo intentan más, una diferencia que obliga a replantear estrategias de prevención y a romper prácticas sociales que refuerzan el estigma y retrasan la atención oportuna.
En el caso de los hombres adultos mayores, Saucedo identificó factores como la viudez, la jubilación, las pérdidas funcionales y el deterioro de la salud física, que dificultan la adaptación a nuevos entornos. En contraste, entre niños, adolescentes y adultos jóvenes, la preocupación se centra en las adicciones no químicas, particularmente las adicciones digitales, asociadas a un uso excesivo de pantallas y a un empobrecimiento progresivo de la interacción social.
Existe —advirtió— una relación clara entre mayor tiempo de pantalla y mayor riesgo de desconexión social, fenómeno que algunos especialistas ya anticipan como una futura epidemia de soledad. Paradójicamente, a mayor hiperconectividad digital, mayor aislamiento interpersonal, con la consecuente pérdida de habilidades básicas como la conversación, el contacto visual y la escucha activa, elementos fundamentales para la cognición social y el bienestar emocional.
Sobre el debate en torno a la inteligencia artificial y la conducta suicida, Saucedo señaló que ya existen recomendaciones clínicas por grupo de edad respecto al uso de pantallas, particularmente en población infantil y adolescente. No obstante, subrayó que la inteligencia artificial también puede ser una herramienta terapéutica valiosa, por ejemplo, en trastorno por déficit de atención e hiperactividad, o en adultos mayores con deterioro cognitivo leve, siempre que se utilice de forma regulada, contextualizada y supervisada clínicamente.
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El riesgo —advirtió— surge cuando se sobre generaliza la información generada por algoritmos, que responden a patrones de búsqueda individuales y pueden ofrecer respuestas sesgadas o inadecuadas para situaciones clínicas complejas. Por ello, insistió en que la inteligencia artificial no sustituye el juicio médico, sino que debe entenderse como un recurso complementario.
En cuanto a los trastornos mentales más frecuentes en México, Saucedo recordó que datos provenientes de la Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica (ENEP) y de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) coinciden en un patrón consistente: trastornos de ansiedad, adicciones y depresión, con variaciones según grupo etario, pero con una carga significativa para el sistema de salud.
Respecto a los signos de alerta, enfatizó la importancia de observar cambios respecto al funcionamiento previo de la persona, particularmente en sueño, apetito, energía, interacción social, toma de decisiones y capacidad para disfrutar. La clave clínica —explicó— está en evaluar duración, severidad y grado de discapacidad, parámetros que permiten diferenciar lo esperado de lo patológico.
Finalmente, Saucedo hizo un llamado a la comunidad médica y a la sociedad en general a combatir el estigma, recordando que la interacción humana sigue siendo la piedra angular del bienestar emocional. Informarse, preguntar, no negar los síntomas y trabajar en equipos interdisciplinarios son acciones esenciales para garantizar una atención integral. Tratar la salud mental —concluyó— mejora la salud física, y atender la salud física impacta positivamente en la salud mental: ambas dimensiones son inseparables.
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D.E.


