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En riesgo de presentar síndrome de muerte súbita 0.5 por ciento de recién nacidos

En México se estima que del 0.2 al 0.5 por ciento de los recién nacidos está en riesgo de presentar síndrome de muerte súbita, que consiste en el deceso repentino de un neonato aparentemente sano, afirmó el académico de la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM, Reyes Haro Valencia.


La prevalencia de la también llamada %u201Cmuerte de cuna%u201D es igual en niños y niñas, y se considera un trastorno del sueño porque ocurre cuando los bebés están dormidos y presentan apneas (interrupción de la absorción de aire), que ocurren porque el neonato no tiene un control adecuado de la respuesta respiratoria, precisó.


Cuando se obstruye el paso del aire a la garganta se tiende a roncar como un indicador de lo que sucede, pero los bebés no hacen ese ruido difícil percatarse que dejan de respirar, indicó el especialista en neurofisiología clínica.


Estudios realizados en la Clínica de Trastornos del Sueño de esta casa de estudios, donde Haro Valencia es director, han detectado que este padecimiento se registra con mayor frecuencia en países en desarrollo como México, por el bajo nivel cultural de los padres y los pocos cuidados que se tienen durante el embarazo.


La apnea que presenta el neonato se denomina %u201Ccentral%u201D, porque su origen es el sistema nervioso central, concretamente el cerebro que controla las funciones vitales del cuerpo. Por ello, se afirma que presenta cierta inmadurez que puede provocar la muerte súbita, o también ocasionar daños en su desarrollo físico e intelectual, destacó.


Esa falta de madurez se presenta en el tallo cerebral, estructura donde se ubica el control de la respiración y de la frecuencia cardiaca; cuando en algunos neonatos no ha madurado lo suficiente el control de esa respuesta, dejan de respirar, abundó.


Haro Valencia mencionó que el mayor número de casos de síndrome de muerte súbita se presenta en los dos primeros meses de vida; no obstante, hay reportes que indican decesos hasta el cuarto mes de vida.


Para el noveno mes, los menores están prácticamente fuera de peligro. Por lo regular, si después del primer año dejan de respirar hacen un movimiento similar al que se realiza cuando se jala aire para sumergirse en el agua, explicó.


En el bebé, precisó, una apnea larga puede durar hasta 30 segundos y repetirse varias veces mientras duerme; en ese momento descienden los niveles de oxígeno, el corazón empieza a latir de manera pausada y es cuando puede ocurrir un paro respiratorio.


El especialista indicó que es posible sospechar cuando un niño tiene riesgo de sufrir este trastorno si en casa sus cuidadores se percatan que dejó de respirar, sea por el cambio de coloración de su piel (morado) o porque presenta movimientos raros, o si en los hospitales detectan una disminución en la oxigenación.


Factores de riesgo


Si la madre es adolescente o mayor de 40 años, el pequeño tiene mayor predisposición a la muerte de cuna; también aumenta el riesgo si fue fumadora, bebedora o consumió alguna droga o medicamento en los primeros meses de embarazo. Las posibilidades se incrementan si hubo alguna complicación en la gestación o si se presentó algún traumatismo o infección al momento de nacer, señaló el especialista en neurociencias.


La vulnerabilidad aumenta, dijo, si los bebés son prematuros; mientras más pequeños sean, mayor es el riesgo porque todavía no se han establecido muchas respuestas fisiológicas que deberían desarrollarse en el vientre materno, acotó.


Si hubo casos previos en la familia, el médico está obligado a estudiar los nuevos nacimientos para descartar el síndrome porque hay predisposición genética.


La Clínica de Trastornos de Sueño, de primer mundo


El desarrollo de la medicina del sueño y la clínica de primer mundo con la que cuenta la Universidad, permiten hacer diagnósticos en forma precisa y oportuna, acotó Haro.


Cuando se detectan posibles casos son remitidos a la Clínica de Trastornos del Sueño, donde se hace un estudio para identificar cómo funciona el cerebro del menor; se analiza si no hubo una lesión por falta de oxigenación; se observa cómo funcionan los músculos; se hace un registro de la actividad respiratoria y se miden los niveles de oxígeno y bióxido de carbono, porque cuando disminuye el primero, el segundo aumenta y ocasiona problemas cardiacos, expuso.


Adicionalmente, con un video se observa la conducta del bebé mientras duerme, se registra lo que ocurre para obtener un diagnóstico preciso y saber si tiene apneas, su duración y frecuencia. Una vez diagnosticado, se prescribe un medicamento para estimular la respiración, recalcó.


En casos graves, cuando bajan dramáticamente los niveles de oxígeno, además de los fármacos, ese gas se suministra de manera artificial, detalló.


También, comentó, se enseña a los padres a tener los cuidados necesarios, a no alarmarse, a saber qué hacer y, sobre todo, se les indica la mejor postura para dormir, pues hacerlo boca abajo limita los movimientos de tórax y, aunado al contacto con la superficie, limita más la respiración. Acostar a los neonatos de lado o boca arriba es favorable, a menos que exista alguna contraindicación como reflujo gastroesofagico, aclaró.


Normalmente, concluyó, el tratamiento dura seis meses y para dar de alta al bebé se hace un estudio-control para determinar si está fuera de peligro.

Acerca Redacción

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