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La contaminación podría haber causado ya daños cerebrales a millones de niños

México, D.F., 8 de noviembre (Redacción Salud Mundo de Hoy).- Casi todos los niños nacidos en países industrializados entre 1960 y 1980 han estado expuestos al plomo de la gasolina. Tomando en cuenta los efectos tóxicos de ese metal, algunos científicos aseguran que en dichas generaciones se ha producido una reducción de más del 50 por ciento en los coeficientes de inteligencia superiores a 130, mientras que los coeficientes menores a 70 se han incrementado. Este es sólo un ejemplo de los casos en que la contaminación ambiental podría afectar el desarrollo neurológico de los niños.

De acuerdo con el doctor Philippe Grandjean, del departamento de Medicina Medioambiental de la Universidad del Sur de Dinamarca y el doctor Philip Landrigan, del Departamento de Medicina Comunitaria de la Escuela de Medicina del Monte Sinaí en Nueva Yok, de un catálogo de 80 mil productos químicos industriales, se ha comprobado que mil de ellos son nocivos en animales, 201 son peligrosos para los humanos y tan solo cinco se consideran dañinos para el neurodesarrollo humano. Sin embargo, esta información "no representan el verdadero potencial de los productos industriales para producir daños en el desarrollo cerebral", explicaron los expertos.

El cerebro "es un órgano en pleno cambio, inmerso en una serie de procesos fundamentales para su correcta evolución. Si estos procesos son interrumpidos de alguna manera (la exposición a tóxicos, por ejemplo), se pueden producir daños permanentes", señalaron los doctores Grandjean y Landrigan autores de una investigación publicada en la versión electrónica de la revista “The Lancet”.

Para los investigadores es muy probable que la exposición a productos tóxicos durante la etapa fetal sea la causa de que uno de cada seis niños sufra problemas que afectan al sistema nervioso, “causando autismo, déficit de atención, retraso mental o parálisis cerebral". Señalaron también que los controles ejercidos por Estados Unidos y la Unión Europea en materia de pruebas de seguridad a los productos químicos utilizados por la industria son insuficientes y, en muchos casos, ni siquiera se cumplen.

El equipo de investigación consultó información de la National Library of Medicine de Estados Unidos y otros archivos en búsqueda de estudios que trataran sobre la toxicidad de los productos industriales. Sólo hallaron cinco trabajos serios sobre igual número de sustancias: plomo, metilmercurio, arsénico, bifenoles policlorados (PCB) y tolueno.

Los procesos descritos en las investigaciones encontradas mostraban un orden similar: en primer lugar, la detección de altas dosis de contaminación en adultos y casos asilados en niños. Posteriormente, varias pruebas epiedemiológicas que concluyeron que un grado de exposición menor de los niños pude generar defectos de comportamiento neurológico.

El doctor Grandjean y el doctor Landrigan aceptaron que atribuir daños de este tipo a un solo producto químico es prácticamente imposible, pues los efectos de la contaminación química pueden tardar décadas en aparecer, además de que la literatura encontrada se basa en estudios de exposición en trabajadores, no de poblaciones enteras. Ambos expertos se refirieron a la contaminación química como una “pandemia silenciosa”, ya que los daños que provoca no se reflejan directamente en las estadísticas de salud disponibles. Consideraron que los efectos de las sustancias tóxicas en millones de personas podrían ser “mucho mayores de lo que se cree”.

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