Las albercas, cúmulos de infecciones

Por Ady Corona

México, D. F., 8 de agosto (Mundo de Hoy).- Sabemos de antemano que el agua es muy saludable para nuestro organismo, porque además de mantenerlo hidratado permite el buen funcionamiento de diversos órganos, no obstante, a veces puede ser nuestra enemiga de forma indirecta y ocasionar severas infecciones en nuestra piel.

El problema, además de beberla en malas condiciones de salubridad, es también estar en contacto con ella mientras se encuentra contaminada, y un claro ejemplo de ello es cuando estamos disfrutando de un rico chapuzón en la alberca, porque hasta el remojarse y nadar en un piscina tiene su chiste, pues no sólo es meterse con un atractivo traje de baño, sino estar conscientes que se requieren de ciertos pasos para mantener el agua en donde nadamos bajo ciertas medidas de calidad.

Para empezar, el agua de la alberca debe estar desinfectada y para ello, quienes se hacen cargo de su mantenimiento deben saber que la cantidad de cloro vertida oscila entre los 0.4 y 1.2 mililitros por cada litro contenido, lo cual está sujeto al tamaño de la piscina, la temperatura del agua, así como la intensidad de los rayos solares, no obstante, también se debe combinar con otras sustancias químicas para evitar choques entre lo utilizado para esterilizar el líquido.

El verificar el estado idóneo del agua de la alberca y nadar en ella se ha convertido en todo un arte, porque un exceso de cloro puede causar quemaduras en diversas partes de nuestro cuerpo que son más delicadas e incluso conjuntivitis, pero en caso contrario, un deficiencia aumenta la cantidad de bacterias que viven en este lugar; de igual modo, el Ph (grado de acidez) del vital líquido debe estar balanceado con la cantidad de cloro que se utilizará, porque un exceso o falta de cantidad puede provocar que las fosas nasales se irriten y provocar molestias de consideración.

Asimismo, cabe hacer énfasis en la importancia de ducharse antes de meterse a nadar, porque todos traemos gérmenes que se transmiten al agua y de ahí las demás personas que hacen uso de la misma alberca se vuelven víctimas, porque puede haber problemas de conjuntivitis, de rinitis e incluso otitis que son casos de suma seriedad, pues tanto los ojos, como la nariz y el oído son los principales órganos que son expuestos a la agresividad del medio ambiento, en este caso, en entorno acuoso en el que estamos.

Además de ello, los hongos también hacen acto de presencia, sobre todo en los pies, porque el medio húmedo y la diversidad de personas que hacen uso de las albercas, fomentan la aparición y multiplicación de éstos, tanto en duchas como en las instalaciones de las propias piscinas.

Los niños e inclusive los jóvenes son los más propensos a sufrir de infecciones por ser los visitantes más recurrentes a los balnearios. No obstante, las mujeres también somos presas fáciles de las infecciones genitales, pues la presencia de bacterias y hongos en el agua favorecen a que se instalen en la vagina y se presentan infecciones que si no son tratadas a tiempo con el ginecólogo, pueden ser muy molestas e incómodas, además de progresivas.

Por ello es muy recomendable ducharse antes y después de nadar, con el fin de eliminar todo germen que pudiéramos traer en el cuerpo y así evitar el contagio a los demás.

Es muy rico nadar, porque además de relajar, es muy benéfico para los músculos y el corazón, aunque cabe aclarar que si no se comienza a hacer conciencia de los cuidados necesarios, un rico chapuzón puede volverse una tortura.

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Equipo de redacción de la red de Mundodehoy.com, LaSalud.mx y Oncologia.mx

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