
Investigaciones mexicanas avanzaron en la identificación de blancos terapéuticos contra Taenia solium
Por: Redacción
LaSalud.mx, Ciudad de México, 12 de enero de 2026 .- El tránsito constante de personas desde comunidades con acceso limitado a servicios de salud facilitó la persistencia de Taenia solium, conocida como solitaria, un parásito que mantiene activas la teniasis y la cisticercosis. Ambas afecciones figuraron entre las enfermedades tropicales desatendidas incluidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) junto con padecimientos como la lepra, el dengue y la enfermedad de Chagas.
El investigador posdoctoral del Instituto de Biotecnología (IBt) de la UNAM, Ricardo Miranda Blancas, explicó que este fenómeno adquirió nueva relevancia internacional debido a la migración y a que durante la pandemia muchos de estos casos quedaron relegados de los sistemas de vigilancia y atención.
De la infección intestinal al daño neurológico
La teniasis se desarrolló cuando una persona consumió carne de cerdo infectada con larvas de Taenia solium, que se alojaron en el intestino y generaron molestias digestivas, pérdida de peso y dolor abdominal. El escenario más complejo surgió cuando los huevos del parásito se transformaron en larvas dentro del organismo humano, provocando cisticercosis. Estas larvas pudieron localizarse en músculos, ojos, piel y, en casos críticos, en el cerebro, dando origen a la neurocisticercosis, una de las principales causas de epilepsia adquirida en México.

De acuerdo con la OMS, este parásito explicó hasta 30 por ciento de los casos de epilepsia en zonas donde existen cerdos en libertad cerca de las viviendas humanas.
La cadena de transmisión aún activa
Aunque en México los casos disminuyeron en años recientes, la enfermedad no desapareció. Los registros de la Secretaría de Salud indicaron que hasta la semana 31 de 2025 se habían notificado 85 casos nuevos, mientras que en 2024 se acumularon 65.
El ciclo habitual del parásito incluyó a una persona portadora de la solitaria, a un cerdo que tuvo contacto con heces humanas contaminadas y, finalmente, a otro humano que consumió carne infectada. Este patrón persistió sobre todo en zonas rurales con animales de traspatio y manejo deficiente de desechos. No obstante, en entornos urbanos la carne pasó por procesos de inspección sanitaria en rastros y centros de distribución.
Un segundo mecanismo de contagio ocurrió cuando una persona ingirió directamente los huevos del parásito por malas prácticas de higiene, particularmente al manipular alimentos sin lavarse adecuadamente las manos.
Prevención y control desde el hogar
Entre las medidas clave para frenar estas infecciones se mantuvieron la cocción adecuada de la carne, el lavado de manos y la desparasitación periódica, recomendada cada seis o doce meses para todos los integrantes de un mismo hogar. Cuando se detectó la presencia de la solitaria, además del tratamiento antiparasitario se indicó el uso de un laxante para facilitar la expulsión del organismo.
Ciencia colaborativa para nuevos tratamientos
En el Instituto de Biotecnología, Ricardo Miranda Blancas trabajó junto con Enrique Rudiño Piñera, experto en estructuras cristalográficas, y con Abraham Landa Piedra, de la Facultad de Medicina de la UNAM, dedicado a la caracterización bioquímica de proteínas del parásito. A ellos se sumaron Ponciano García Gutiérrez y Rafael Zubillaga Luna, de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa, para diseñar fármacos complementarios a los tratamientos actuales.

El objetivo fue estudiar las proteínas del sistema de desintoxicación de Taenia solium, verdaderos escudos bioquímicos que permitieron al parásito resistir la acción de los medicamentos.
Blancos moleculares contra el parásito
Los equipos lograron avanzar en la determinación estructural de tres glutatión transferasas descritas hasta ahora en el parásito. Ya se obtuvo la estructura de la glutatión transferasa clase sigma y se continuó el análisis de otras dos enzimas, glutatión transferasa 25 y 26, identificadas por su peso molecular.
Este conocimiento resultó esencial para mapear los sitios activos de las proteínas y comenzar la búsqueda de moléculas inhibidoras específicas. Con modelos obtenidos mediante predictores de estructura proteica, el grupo desarrolló ya un inhibidor para la glutatión transferasa de 26.5 kDa, lo que abrió una nueva línea para debilitar los mecanismos de defensa del parásito y potenciar la eficacia de los tratamientos disponibles.
En conjunto, estos avances posicionaron a la investigación mexicana como un actor clave en la generación de soluciones científicas frente a una enfermedad que, aunque menos visible, sigue presente y activa en el país.
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D.E.
