Tejedoras de historias

Hace algunas semanas, mi amiga María Elena Chapa me invitó a presentar el libro Tejedoras de historias, tomo II, producto de un taller que se llevó a cabo en el Instituto Estatal de las Mujeres de Monterrey que ella dirige.


El taller, coordinado por Patricia Basave, contó con la participación de alrededor de 25 mujeres de aquella entidad que se reunieron semanalmente, y durante varios meses, en las instalaciones de la institución para trabajar en la escritura de su propia historia.


El resultado es un volumen rico en testimonios de vida femeninos que deberían ser leídos por todos aquellos que tienen bajo su responsabilidad la creación de políticas públicas y que, en aras de la justicia, desean hacerlo desde una perspectiva de género.


En los últimos años la escritura autobiográfica, antes género olvidado en nuestro país, va cobrando relevancia, sobre todo entre la población femenina. Las mujeres mexicanas hemos encontrado en este ejercicio una manera saludable y autoliberadora de revisar nuestra historia y plasmar nuestras vivencias.


El material que hoy presentamos es el texto que escribí para la presentación del libro de testimonios autobiográficos del taller de Patricia Basave promovido por María Elena Chapa.


Espero que las invite a leerlo y a atreverse a contar por escrito su propia historia.


Amparo Espinosa Rugarcía


Directora y fundadora DEMAC


 


Mi madre respetaba a mi hermano como jefe de familia. No le faltaban nunca su Coca-Cola ni sus antojitos preferidos. Yo no estaba de acuerdo. Quería saber cómo eran las personas correctas; salir de dudas y confusiones. Apliqué para estudiar medicina…


Albatros.1


Soy psicoanalista y mi aproximación a Tejedoras de historias, el libro que hoy presentamos, se da a partir de una perspectiva psicoanalítica. Sobra decir que ésta es sólo una de las muchas aproximaciones que pueden y deben hacerse a los textos que lo integran, ya que, por su complejidad y riqueza, merecen ser estudiados desde un punto de vista sociológico, antropológico, religioso, e incluso literario.


Para trasmitirles qué pasó por mis vísceras al ir revisando este libro, voy a leerles (en forma muy acotada), algunos textos que llamaron mi atención. Paralelamente haré algunos comentariosen función de un interés muy personal: los procesos psicodinámicos femeninos implícitos en lasrelaciones amorosas.


¿Por qué las mujeres nos relacionamos con los hombres a partir del masoquismo; por qué soportamos, durante años, abusos físicos y maltratos emocionales?


No hay mejor forma de captar la riqueza de Tejedoras de historias que a través de las palabra de sus autoras, como ustedes se irán dando cuenta.


Escuchen lo que dice Flor de Loto: %u201CUn día mi esposo llegó ebrio y me golpeó porque no quise tener relaciones sexuales. Empecé a tener pánico porque me violaba en forma anal. Sangré mucho. Desde entonces, fue un martirio mi vida%u2026%u201D2


O lo que dice Águila: %u201CSiempre hubo situaciones de maltrato: que si no le gustaba la comida, me aventaba el plato; que si sólo él tenía el derecho a llegar tarde y, si yo le reclamaba, lo justificaba por exceso de trabajo%u2026%u201D3


La Patita confiesa que quería ser %u201Cuna excelente mujer%u201D. Para prepararse, estudió formación familiar y se conservó virgen para ofrecerle su %u201Cpureza%u201D al hombre que le hiciera %u201Cel favor%u201D de casarse con ella.


El pendejo (dice sin eufemismos), llegó cuando yo tenía diecinueve años. Creí que me amaba: no había semana sin flores ni mes sin serenata. A los dos meses de casados perdió el trabajo. Se volvió egoísta, irresponsable y grosero. Tomaba mucho. ¡Un cabrón! Quería darme el sol, la luna y las estrellas; como no podía, empezó a darme en la madre. No entiendo a los hombres%u20264


Los sexos están en guerra.


Así lo sugiere la historia de La Patita y otras muchas historias semejantes. La guerra de los sexos es una guerra desigual en que la mujer lleva la peor parte: su posición es desventajosa; su estado, subordinado.


Después de décadas de lucha organizada en aras de nuestra liberación, las mujeres seguimos dependiendo del hombre en lo económico, en lo social, en lo político.


Más importante aún, seguimos dependiendo del hombre en lo afectivo.


Nuestra dependencia afectiva es una dependencia perversa que exige una inmolación psicológica total.


Debemos rendirnos del todo; derrotarnos por completo si queremos ser esposas y tener un hombre a nuestro lado. Como ocurre en el poema de los Nibelungos, con Brunhilda: esa valquiria que sólo se convirtió en la esposa del rey Gunther hasta que él la sometió tras encarnizada


En 2009, las mujeres seguimos siendo Brunhildas.


Seguimos considerando que el %u201Camor%u201D es un catalizador que lo nivela todo.


Aunque verbalicemos lo contario, para nosotras todavía es una de esas verdades eternas que debemos aceptar por fe (so pena de condenarnos socialmente): que si amamos de verdad a nuestro hombre, renunciaremos a nuestro ser en aras de su bienestar %u2014e incluso de sus caprichos.


Además, debemos renunciar con gusto, sin chistar.


Porque todavía en 2009, a las mujeres la culpa nos acecha si nos atrevemos a retar lo establecido. Para no tener que hacerlo, para no tener que cuestionar políticas sexuales que a la luz del tercer milenio resultan aberrantes, distraemos nuestra conciencia mientras cavamos fosas en el inconsciente para enterrar nuestra rebeldía.


Águila lo expresa de manera contundente: %u201CLas mujeres preferimos aparentar que no pasa  nada. Hacemos todo lo que nuestro hombre quiere para que no se enoje y evitar peleas%u2026 Peor aún, para que cambie. Como no logramos nuestro cometido, justificamos su comportamiento y aparentamos que todo está bien, dejando de lado nuestras necesidades%u201D.7


¿Qué comportamientos masculinos justificamos?


¿Qué necesidades dejamos de lado las mujeres para complacer a nuestra pareja?


¿Qué preferimos no ver para agradarlo?


Basta con leer al azar cualquier texto del volumen número 2 de Tejedoras de historias, para saber que son los golpes, la indiferencia, la traición, la falta de reconocimiento:


Me dijo que no le hablara de tú a ningún hombre, ni siquiera a sus hermanos. Me jalaba los cabellos para que le diera de cenar. Un día me abrió la cabeza. Me aventó vidrios. Me pateó el cuello. Caí desmayada (Flor de Loto).


Fuimos perdiendo nuestra relación de pareja. Yo añorando lo que pudo ser, él evadiéndome a través del trabajo%u2026 %u2014aunque creo que no sólo con el trabajo porque ya ni me veía ni mucho menos me tocaba (Orquídea).


¿Quiénes son Flor de Loto y Orquídea? ¿De qué están hechas las veinticinco mujeres mexicanas de entre cuarenta y sesenta años que participaron en el Diplomado del Instituto Estatal de las Mujeres de Nuevo León, y nos cuentan sus historias en el libro de las Tejedoras?


Estas mujeres son docentes tecnológicas, tenedoras de libros, secretarias bilingües,contadoras, ejecutivas de ventas, modistas, médicas veterinarias, estudiosas de la Biblia, programadoras neurolingüísticas, empresarias, maestras, enfermeras, ejecutivas de ventas, árbitros de beisbol y softbol, lectoras, fotógrafas, poetas, jardineras, atletas, reposteras, trabajadoras sociales, cultoras de belleza, optometristas, músicas, bailarinas, cinéfilas, cineastas, luchadoras sociales,jueces auxiliares, arquitectas, obreras, voluntarias, presidentas seccionales, abogadas, ejecutivas, empleadas, directoras de instituciones públicas, capacitadoras%u2026 y cualquier otra profesión que se les pueda ocurrir%u2026


Pero sus calificativos y merecimientos no se quedan ahí (aunque con eso bastaría para rendirnos ante ellas).


Estas mujeres son, además, amas de casa; madres de familia que han criado, en su conjunto, a más de cincuenta hijos. Cincuenta hijos que requirieron cambios de pañales, amamantamiento, vacunas, desayunos, comidas y cenas, en infancia, adolescencia y juventud; forrar libros y apoyar en las tareas; ires y venires a la escuela para gestionar inscripciones y participar en reuniones de padres de familia.


¿Cómo calibrar su valor humano?


¿Cómo su aportación social?


Una manera de hacerlo es estimando el tiempo dedicado a estas tareas%u2026


¿Cuánto tiempo habrán empleado estas mujeres detrás de la estufa, por ejemplo?


¿Cuánto lavando y planchando ropa?


¿Cuánto sacudiendo?


¿Cuántas horas/vida cambiando pañales?


Supongan, por curiosidad, que cada uno de los cincuenta niños que las Tejedoras de historias tienen en conjunto requirió cambio de pañales durante tres años, que equivalen a 1 905 días. Multiplicados por cincuenta (que es el número total de niños), nos da 95 250 días. A cinco pañales por día, serían 476 250 pañales cambiados%u2026 y si consideramos un minuto por pañal (si la madre es muy rápida), tenemos 476 250 minutos o sea 7 937 horas.


Estas mujeres han dedicado (al menos) siete días con sus noches a cambiarle pañales a cada uno de sus hijos (¡y no estoy considerando que en su época no los había desechables!).


¿Cómo cuantificar las preocupaciones cuando hay un enfermo en la familia? ¿Cómo el llanto, los golpes o la infidelidad del marido? ¿Cómo las frustraciones y el rencor de una vida de maltrato?


Tampoco resulta fácil medir la felicidad y los momentos gratos para calcular la ecuación felicidad/dolor de ellas.


Adueñándome de mí; Amanecer; Aprendiendo a volar; En pleno vuelo; Hoy tengo una nueva historia que contar; La felicidad: una decisión propia; Mi renacimiento; No necesitamos guajes pa%u2019 nadar; Rompiendo mis ataduras, Vida plena, Vuelo infinito… Los títulos con que las tejedoras identifican sus trabajos hablan de ansia de libertad y, a medida que uno se adentra en los escritos, una pregunta se impone una y otra vez: ¿por qué mujeres con un currículo laboral, académico y doméstico, mujeres con hambre de superación y deseo de infinito, toleran durante años el servilismo, el alcoholismo o la infidelidad de sus parejas? ¿Por qué se conforman con migajas?


Sigamos leyendo%u2026


Yo me quedé dormida abrazada de mi hermana. Cuando desperté, tenía mis pantaletas bajadas, mi papá estaba desnudo y yo con él en la cama (Girasol).


Yo le decía a mi mamá: %u201CNunca me he portado mal contigo, no soy grosera, no te falto al respeto, ¿por qué Santa no me trae muñecas?%u201D. Ella me contestaba: %u201CPorque te pareces toda a tu pinche padre. Ojalá y te mueras%u201D (Flor de Loto).


Como toda mujer, yo soñaba con casarme. Pensaba que al hacerlo tendría por fin una familia estable; que me iba a dar un sentido de pertenencia (Zorzal).


¿Será este ambiente plagado de alcohol, violaciones y desamor, aunado a fantasías románticas atávicas, lo que pavimenta el terreno de las relaciones abusivas?


¿Será esto lo que determina la autodefinición de las tejedoras?


Porque, ¿cómo se ven a sí mismas Girasol, Flor de Loto y Zorzal?


¿Qué autoconcepto rima con su conducta masoquista?


¿Cuál es la plataforma emocional desde la cual miran al mundo y a su hombre?


Los seudónimos que utilizan en sus textos nos sugieren la respuesta: Girasol, Gardenia,


Azucena, Águila triste, Nochebuena, Gaviota, Magnolia, Flor de loto, Lirio, Kuk (Quetzal), Rosa, La Patita,


Ave del paraíso, Orquídea, Colibrí, Cenzontle, Zorzal, Jazmín, Gorrión, Orquídea, Paloma triste%u2026


Nombres de flores y aves pequeñitas, frágiles.


Tristes en ocasiones.


No amenazantes por definición.


Flores de temporada y de ornato. Excéntricas algunas. Acuáticas y olorosas, otras. Blancas en su mayoría.


Aves de jardín y de canciones infantiles.


Aves marinas y de plumajes hermosos.


Estas mujeronas se perciben bellas, pero paradójicamente también se perciben perecederas como un jazmín; vulnerables como un gorrión; de temporada, como la Nochebuena.


¿Por qué no halcón en vez de colibrí?


¿Por qué no roble en vez de rosa?


¿Cedro en vez de orquídea?


He sido al mismo tiempo vendedora, decoradora, maquillista, costurera, administradora, diseñadora, publicista. Actualmente soy pintora y maestra de pintura (La Patita).


Ya cumplí los sesenta años. Quiero aprovechar el tiempo. Acabo de tomar un curso de computación. Retomé el inglés y tengo el propósito de reanudar mis clases de música y pintura (Margarita).


¿No les parece paradójico?


¿No les parece incomprensible que mujeres emprendedoras y fuertes como las autoras de estas historias, se hagan llamar Margarita o La Patita?


Hasta arranca una sonrisa que su autoimagen sea la de la azucena, símbolo eterno de la pureza y la virginidad, cuando acaban de hablar con ironía de haberse conservado puras para %u201Cel pendejo%u201D que les propuso matrimonio%u2026


¿Por qué perpetuan lo que han padecido en su niñez? ¿Por qué siguen creyendo en cuentos


de hadas? Más grave aún, ¿por qué se disfrazan de aves dulces e indefensas? ¿Por qué?


Por las tardes estudiaba corte y confección de ropa, primeros auxilios y la secundaria. Tomé cursos


de cocina y decorado. Estudié en la Cruz Roja primeros auxilios y de ahí pasé a ser voluntaria


(Cenzontle).


Trabajé años en una empresa. Me preparé para ser ama de casa. Participé en talleres de Superación personal. Pertenezco a un grupo de danza. Soy presidenta del Comité de Prevención del Delito de la Secretaría de Seguridad Pública y fui elegida %u201CVecina Ejemplar%u201D (Gorrión).


Algo está muy mal cuando Cenzontle y Gorrión y otras mujeres de su calibre, toleran golpes.


Cuando realizan malabares emocionales y psicológicos que huelen a masoquismo, en aras de continuar casadas o de conservar a un hombre.


Cuando sus ambiciones sucumben ante la primera frase dulce.


Cuando lo perdonan todo, ¡incluso más de setenta veces siete, que es lo que pide la Biblia a los santos!


Estas conductas paradójicas no son aisladas, sino prototípicas. Coinciden con las conductas de millares de mujeres, entre éstas las que entrevisté para mi tesis doctoral, quienes, como las tejedoras, sólo dijeron: %u201CYa basta. Hasta aquí llegué%u201D, cuando su cansancio, emocional y físico,


llegó a límites de supervivencia.


Las mujeres seguimos siendo el %u201Csegundo sexo%u201D.


No tenemos todavía una habitación propia.


Nuestros avances son tan imperceptibles como el que propició el miriñaque, un armazón de aros que usaban las mujeres para dar volumen a su ropa y que vino a sustituir las decenas de faldas que usaban para ese efecto. El miriñaque les dio a las mujeres de la época la facilidad de trasladarse de un sitio a otro sin tener que arrastrar tanto peso. Aunque imperceptible a simple vista, abrió una grieta en la subordinación femenina.


Hoy son muchas mujeres (y no sólo unas cuantas Simones de Bouvoir o Virginias Wolf) las que se rebelan en contra del servilismo y la marginación.


Si no habitaciones propias todavía, hoy existen organizaciones como el Instituto Estatal de las Mujeres, o como demac, la organización que presido, donde las mujeres pueden escuchar su inconsciente, vomitar sus lesiones afectivas y ponerle nombre a su verdad.


En estos espacios hoy podemos confesar, sin temor a reprimendas, que queremos ser libres y llegar a ser lo que somos, sin tener que esconderlo o pedir perdón por ello, dejando atrás la vergüenza y la culpa; ahí podemos manifestar nuestras flaquezas.


Las mujeres hemos reclamado la propiedad de nuestro cuerpo y estamos reclamando la propiedad de nuestro tiempo.


Hemos conseguido presencia en los espacios públicos.


Ahora le toca el turno a la relación con el hombre.


Hay que redefinir este vínculo. Hay que modificar sus presupuestos.


Sabemos que es demasiado fuerte y complejo.


Sus ataduras son difíciles de romper.


Acaso la más importante sea la sexualidad cuyo impulso ata hasta el masoquismo.


Por eso (tal vez), mujeres como las tejedoras se deciden a abandonar estas conductas en aras de un destino, cuando el impulso sexual aminora.


Mi charla debería ser anacrónica.


Pero las historias de las tejedoras que hoy celebramos, hablan de que no lo son; de que todavía es pertinente porque el sometimiento está aún demasiado vivo.


Las mujeres seguimos atrapadas en el hombre (sea éste padre, hijo, amante o esposo).


La energía que empleamos en librar las batallas sexuales nos deja exhaustas.


Una mujer puede estar enferma, ser muy pobre o no tener trabajo, pero el dolor y la energía que emplea en enfrentar estos problemas son siempre inferiores a los que emplea en enfrentar las traiciones y los abusos de quienes ella sigue definiendo como su amante, su compañero de vida.


Cada historia de las Tejedoras de historias es una versión de la guerra de los sexos librada en aras de la libertad. Dejando a un lado los criterios tradicionales, podríamos decir que la energía invertida en esta guerra rebasa en intensidad a la que Hidalgo y Juárez invirtieron en librar la suya.


¿Qué pasaría si en vez de emplear nuestra energía en soportar golpes o en convencer a nuestro hombre de que nos ame, las mujeres la invertimos en nuestro propio desarrollo? ¿Qué pasaría si en vez de emplearla en estrategias para retenerlo a él, la empleamos en alcanzar nuestro destino y proponer mejoras para la sociedad?


Las invito a imaginar lo que pasaría si lo hacemos%u2026


En el siglo xxi, la familia no puede entenderse ya a partir de la tradición, por muy mexicana que ésta sea (como ocurrió en el Encuentro Mundial de las Familias realizado hace unos días en la ciudad de México).


Por su trascendencia social y la magnitud de sus implicaciones, la familia debe entenderse hoy a partir de la búsqueda de libertad de las mujeres.


Búsqueda que no tiene marcha atrás y que supone que las mujeres pasaremos cada vez menos tiempo en el hogar.


Y aquí, como dice el doctor Aniceto Aramoni, surgen las preguntas clave: ¿quién va a llenar el tiempo y el espacio que las mujeres dejamos vacantes en el hogar?, ¿qué va a ocurrir con los niños?, ¿quién se va a ocupar de ellos?


Porque si algo no puede pasar, es que los niños se queden abandonados.


Y si hay algo que no debe seguir pasando, es que la responsabilidad de este %u201Cno abandono%u201D recaiga, exclusivamente, sobre las mujeres.


Las épocas de crisis son el momento idóneo para realizar inversiones públicas socialmente productivas que posibiliten el desarrollo sostenible. Desde esta perspectiva, éste sería el momento preciso para abordar temas como la corresponsabilidad de los hombres en el cuidado de los hijos, la creación de guarderías confiables y los apoyos económicos a las mujeres que opten por quedarse en casa a atender a sus hijos.


¿Qué mejor ocasión que ésta para un New Deal inclusivo, feminista y demográficamente


inteligente?


Mis felicitaciones a María Elena Chapa y a Patricia Basave por esta iniciativa; por las historias de estas veinticinco mujeres que se comprometieron a vivir el proceso de tejer su ser mediante la escritura narrativa.


BIBLIOGRAFÍA


Aramoni, Aniceto et al., La guerra de los sexos, México, demac, 2008.


Basave Benítez, Patricia et al., Tejedoras de historias, t. II, Nuevo León, México, Instituto Estatal de


las Mujeres (col. Mujeres y Poder), 2008.


Krische, Pablo, El enigma del matriarcado, Madrid, Revista de Occidente, 1930.


Pazos Morán, María, %u201CLa autonomía de las mujeres como desafío%u201D, El País, 29 de enero de 2009, p. 4.


* Amparo Espinosa Rugarcía dirige actualmente Documentación y Estudios de Mujeres, A.C. (DEMAC). Es presidenta de la Fundación Espinosa Rugarcía (esru), y miembro del Comité Directivo del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (ceey).


Entre sus publicaciones se encuentran: coautora de Secretos, leyendas y susurros: rituales para mujeres que se atreven a apropiarse de la escritura (demac, 2007); Dulce asalto al poder: perfil político de las nuevas primeras damas (Edamex,


2003); Shikoku: peregrinaje de la madurez a la vejez (Porrúa, 2002); Última llamada al heroísmo (Edamex, 2000);


Talladoras de Montaña (Diana, 1997); Manual de supervivencia para la mujer (Diana, 1992); Palabras de mujer (Diana,


1989); Había una vez mi familia (Siglo xxi, 1981) y Pensamiento contemporáneo en México (Porrúa, 1974).


Es licenciada en Administración de Empresas y maestra y doctora en Desarrollo Humano por la Universidad Iberoamericana (uia). Tiene estudios en teología por la misma universidad y actualmente doctoranda en psicoanálisis en el Instituto Mexicano de Psicoanálisis, A.C. (impac)

Acerca de Redacción

Equipo de redacción de la red de Mundodehoy.com, LaSalud.mx y Oncologia.mx

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