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En el marco del Mes del Niño.

Y la inquietud se da un por un estado de desazón provocado por el temor a un peligro real o imaginario.
 
Gabriela Soulé es especialista en educación especial, maestra en neurociencias, tanatológa y psicoterapeuta ofrecerá la conferencia %u201CCómo curar la ansiedad en los niños%u201D, el próximo 16 de abril a las 18:30 horas en la librería Gandhi %u201CMauricio Achar%u201D, Miguel Ángel de Quevedo 121, Guadalupe Chimalistac. Entrada Libre. Informes. 56158479.
 
La conferencia está basada en el libro %u201CCómo curar la ansiedad en los niños%u201D, de Louise Reid, editado por Sirio España. %u201CCómo curar la ansiedad de los niños%u201D, surge por la necesidad de ayudar a los adultos del mañana a que eviten el infierno de la ansiedad a través de los niños del presente erradicando sus miedos, la cólera, las falsas creencias, los traumatismos, la rebeldía y la timidez proporcionándoles una base sólida que les permitirá liberarse de muchas angustias y sufrimientos inútiles.
 
%u201CCon el paso de los años, he ido observando los innumerables estragos y la parálisis que la ansiedad puede provocar en personas adultas muy inteligentes, dotadas de coraje y voluntad. He sido testigo del desánimo y desesperación plasmados en los rostros de personas que solo querían vivir felices, pero que se hallaban encerradas en la negra oscuridad creada por una inquietud constante. Esas personas se sienten totalmente desprovistas de cualquier herramienta frente a su incapacidad para avanzar con normalidad y su dificultad para afrontar la vida%u201D, explica la especialista.
 
La psicóloga asevera %u201Cme he dado cuenta de que lo que une  a las personas que sufren una intensa ansiedad es la cólera que suelen experimentar hacía sí mismas, pues se sienten como niños, totalmente desprotegidas ante temores que no aciertan a controlar, aun sabiendo que dichos temores carecen de todo lógica. Esas personas se sienten como niños porque han conservado temores y falsas creencias que integraron  cuando tenían menos de seis años. Esos temores y creencias, que han sido reprimidos y nunca afrontados con eficacia, vuelven a manifestarse al cabo de los años%u201D.
 
%u201CDurante mucho tiempo estuve convencida de que los problemas derivados de la ansiedad, como la depresión, el pánico y las distintas fobias, eran términos casi exclusivo de los adultos, pero me he dado cuenta de que los jóvenes se ven enfrentados a esos problemas a unas edades cada vez más tempranas, lo cual me ha obligado a tratar de considerar la ansiedad bajo una nueva perspectiva%u201D, expresa la psicoterapeuta.
 
%u201CMediante el libro %u201CCómo curar la ansiedad en los niños%u201D, editado por Sirio espero facilitar la vida de los niños y también arrancar del pie de muchos padres la dolorosa espina de la culpabilidad%u201D, puntualiza.
 
En los últimos años, aumenta sin cesar el número de niños que acuden a las consultas médicas o a los psicólogos para tratar trastornos ligados a la ansiedad, a la vez que desciende la edad media de los mismos.
 
Se diagnostican trastornos de pánico en niños de siete u ocho años, así como fobias diversas, sobre todo la fobia escolar, a edades tan tempranas como los seis o siete. A muchos se les prescribe ansiolíticos, unos medicamentos que tiene por objeto calmar la ansiedad y que durante mucho tiempo ha estado reservado a los adultos.
 
También puede observarse en la actualmente una tendencia a  medicar a jóvenes salidos de la infancia con el pretexto de tranquilizarlos. Pero no es así como van a aprender hacer frente a la vida. No se entiende que, de esa manera, lo que les está enseñando es a evitar precisamente enfrentarse a la vida.
 
¿Pero, cómo los padres pueden detectar la ansiedad en sus hijos?
 
A decir de la especialista la ansiedad es simplemente inquietud, sea cual sea la apariencia que presente o los valores que alcance; es inquietud, punto y aparte. Por ello, tanto si se trata de un niño pequeño, como de un adolescente o un adulto, la persona que experimenta ansiedad está inquieta.
 
Y la inquietud se da un por un estado de desazón provocado por el temor a un peligro real o imaginario. Suele traducirse en una propensión a atormentarse y a preocuparse por todo tipo de cuestiones. En su expresión más simple, inquietud es miedo.
 
¿A qué le tema un niño?
 
El peor de los temores de un niño pequeño es hallarse solo, pues tiene necesidad de estar rodeado de personas que le sirvan de referencia en este mundo demasiado grande para él y en el que, de otro modo, se sentiría totalmente perdido. Este miedo le lleva a inquietarse ante un posible rechazo o abandono que le dejaría aislado y desprotegido. Se apega a las personas que le rodean como boyas que le permiten mantenerse a flote en la superficie.
 
También, en una sociedad donde abunda el divorcio y las separaciones y en la que el niño suele ser confiado a muy corta edad a los cuidados de guardería, éste experimenta desde muy pronto en la vida la pérdida de las referencias que constituyen la presencia asidua de los padres.
 
Durante los primeros años de vida, expresará este miedo a través de llantos y de gritos a menudo estridentes que traducen la sensación de pánico que siente. Al crecer, se dará cuenta lentamente de que la soledad no es mortal. Pero para algunos, esa inquietud permanecerá oculta y evitará situaciones que impliquen riesgos de soledad, rechazo, abandono o traición.
 
Esa situación no resulta puede perdurar hasta la edad adulta y por ello es fundamental ayudar a nuestros hijos a liberarse de esta fuente de ansiedad desde su más tierna edad.
 
¿Cómo se protege el niño de la soledad?
 
A fin de intentar evitar encontrarse solo y sin atención el niño desarrolla una serie de actitudes, que van desde la sumisión más absoluta a los comportamientos más perturbadores.
 
Así pues, el niño demasiado perfecto que casi no se atreve a moverse por temor a desagradar o a que le riñan, desarrolla comportamientos dictados por una forma de pánico. Lo mismo vale para el que se mueve, grita, llora y perturba casi constantemente. Mostrarse perfecto para no ser rechazado o hacer cualquier cosa para no ser olvidado son las dos actitudes extremas de respuesta a esta inquietud fundamental del niño que es el miedo al vacío. Entre ambas, existe una serie de comportamientos más o menos acentuados, todos ellos con objeto de evitar el rechazo, el abandono y la soledad. Este miedo al vacío es la base de toda ansiedad.
 
Cuando este miedo se transforma en pánico, el espíritu queda obnubilado por un único pensamiento: intentar evitarla, y todos sus gestos apuntarán en ese sentido. Los niños perfectos y los hiperactivos experimentan una intensa dosis de ansiedad.
 
Hay que curarlos desde su más tierna infancia, y a poder ser, sin medicación. El niño ansioso no está conectado consigo mismo, con sus necesidades y sus deseos. Su única razón de ser y de vivir proviene del exterior, de los demás para ayudarles con eficacia, es necesario reconectarle consigo mismo y enseñarle a vivir en la realidad.
 
¿Cómo se les puede ayudar sin medicación?
 
En los niños menores de tres años, hay juegos e interacciones adecuadas que pueden fomentar con mucha rapidez el desarrollo de un sentimiento de seguridad. A partir de tres o cuatro años, dibujar se convierte en una excelente herramienta para liberarlos de sus miedos y mantener un buen contacto consigo mismos. Cuando se establece la lógica concreta, es decir, hacia los seis años o siete de edad, existen ejercicios apropiados de imágenes que permiten que desarrollen mayor influencia sobre su sistema emotivo global.
 

Acerca Redacción

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