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De: %u201CVíctimas inocentes, culpables y jueces morales%u201D

Con la autorización expresa de Lasalud.com.mx,  nos permitimos reproducir el artículo: De: %u201CVíctimas inocentes, culpables y jueces morales%u201D  de la autoría de Griselda Hernández Tepichìn, publicado en la edición conmemorativa del CENSIDA: %u201C20 años de lucha contra el VIH/Sida en México%u201D (26 de diciembre 2008), publicada en el Diario Milenio


En 1985 llegaron los primeros casos de niños con SIDA al Instituto Nacional de pediatría y es curioso, pero ahora que  con motivo de  los 20 años del CENSIDA he  repasado  mis experiencias profesionales  de los primeros años, recuerdo  que  los  involucrados en la atención de estos pequeñitos no teníamos miedo- quizás porque nuestro trabajo diario  era  tratar todo tipo de   padecimientos infecto-contagiosos o porque cada caso era un drama familiar que despertaba nuestra solidaridad ante su dolor y nuestra impotencia.


 Lo más difícil  entonces era no solamente dar el diagnóstico fatal del bebé a los padres, sino tener que comunicar simultáneamente  la misma enfermedad de la  madre, es decir dar un diagnóstico fatal por partida doble.  Hasta 1992  la mayoría de estas mujeres habían adquirido el VIH por alguna transfusión sanguínea practicada varios años antes; después,  cada vez fue más frecuente diagnosticar casos en mujeres  cuya única práctica de riesgo fue  tener un compañero sexual (acaso dos) y haber querido un hijo. 


Por éste tipo de transmisión  es que sobre todo en esos años, se diferenciaba a los pacientes con SIDA  como  víctimas inocentes  o culpables  y seguramente por eso es que los que sufrieron menos discriminación por lo menos en los servicios de salud fueron los niños.  Porque también  hemos sido testigos de cómo estas %u201Cvíctimas inocentes%u201D    han sido expulsados de las escuelas al trascender la noticia  de que son portadores del tan temido virus. Pero sorprende que también haya casos de niños y niñas que han sido víctimas de las autoridades o de las asociaciones de padres  que han pedido la expulsión del menor   al saber que su madre es portadora del VIH.


Desde  los 80 se tiene perfectamente identificadas las formas de transmisión y por lo tanto qué hacer para prevenirlas. Es un hecho que el contacto casual, y la convivencia en la escuela o en la oficina con compañeros o compañeras portadores de VIH o SIDA no conlleva riesgo  de transmisión y sin embargo seguimos atestiguando como se violan los derechos de militares, profesionistas , empleados y estudiantes  a los que se les niega la posibilidad de continuar normalmente con sus actividades mientras su padecimiento se los permita, como sucede con otros padecimientos crónicos como la diabetes  o  la hipertensión. 


Será que a pesar de más 20 años  de avances importantes en el conocimiento del Virus de la Inmunodeficiencia Humana, de  sus efectos sobre el organismo y de existir cada día más  medicamentos antirretrovirales que han probado ser efectivos para mejorar la calidad de vida, disminuir las infecciones oportunistas y disminuir la mortalidad;   ¿continúa el miedo  para hablar abiertamente del sexo y su gran diversidad?


Algunas voces afirman  que instituciones como %u201Cel CENSIDA con sus campañas y sus condones%u201D, el personal de salud que promueve la equidad de los servicios y la prevención de todo tipo de infecciones sexuales-incluyendo el SIDA, así como los activistas que luchan por sus derechos, promueven  la homosexualidad y la promiscuidad.  No será que realmente   aún persiste la idea de inocentes  y culpables y los  autodenominados %u201Cjueces sociales%u201D insisten en castigar las prácticas diferentes a las propias o a las permitidas en una sociedad en la que prevalece la homofobia, la doble moral, las conductas  más o menos reproblables que se ejercen pero de las que no se debe hablar..


Es indudable que en  materia de servicios de salud  hemos visto cambios importantísimos;  sin lugar a dudas el mayor logro de estos años  ha sido  que los medicamentos antirretrovirales estén disponibles de manera gratuita en todo el país para todas las personas que los necesitan  independientemente de su sistema de aseguramiento.


Hasta  el año 2000 estos medicamentos solo estaban disponibles para las personas  con acceso a la seguridad social; debido a la demanda de la sociedad civil  organizada y de  personas  con VIH o Sida  en ese año se inició  en la Secretaría de Salud   un  programa de acceso gratuito  para 1000 personas en todo el país.   No obstante que el número de pacientes  sin acceso al tratamiento en esa fecha  era mucho mayor, la distribución  fue problemática.  En varios estados  tuvo primero que organizarse  el equipo responsable de la atención , pero sobre todo fue necesario  buscar a muchos pacientes que  , no regresaban a consulta  después de recibir  el resultado positivo  ya que sabían que las únicas alternativas  para recibir tratamiento eran:  poder ingresar a algún protocolo clínico  en  algún Instituto o en CONASIDA , conseguir medicamentos más baratos  en bancos de medicamentos o %u201C compartir  los medicamentos  que su compañero  o amigo  recibía del IMSS.


Del 2001 al 2002  los recursos de la Secretaría de Salud destinados a este fin aumentaron gradualmente, sin embargo no fue sino hasta el 2003 que  gracias a los recursos del fondo de gastos catastróficos del Seguro Popular, terminaron las listas de espera que existían en todos los estados.  En el 2008 más de 26000 pacientes son beneficiados con estos tratamientos, con lo que ha mejorado   su calidad de vida, se han evitado hospitalizaciones  y   pueden llevar una vida normal.


Sin embargo, para lograr el éxito que otros países han alcanzado reduciendo los niveles de mortalidad  por SIDA en hombres y mujeres jóvenes, es preciso abordar los siguientes retos:




  1. Detectar la infección por VIH más tempranamente,   ya que el inicio oportuno del tratamiento es determinante  para el curso de la enfermedad


  2. Combatir la homofobia en los servicios de salud  y en todos los demás sectores

Es un hecho que las personas con mayor riesgo  de exposición  al VIH,  posponen  la realización de la prueba  sobre todo por el miedo a las consecuencias familiares, sociales y laborales..También ellos   son víctimas de la incomprensión y la discriminación.


Es  imprescindible combatir la homofobia y la discriminación para no alejar a las personas con mayor riesgo y vulnerabilidad de los servicios  de salud, para sensibilizar a hombres y mujeres  con VIH o SIDA  sobre la importancia de tratar  su enfermedad y prevenir eficazmente la transmisión  a sus compañeras o compañeros sexuales  y a sus hijos. 


 


 


 


 

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