Artritis juvenil podría generar una discapacidad grave

La artritis reumatoide juvenil es un padecimiento que a pesar de ser poco común entre la población infantil, tiene graves repercusiones al ocasionar lesiones físicas graves e invalidez total. 


Esta enfermedad también llamada artritis idiopática juvenil, por no tener una causa específica, afecta entre 80 y 90 niños por cada 100 mil en el mundo y en México la cifra puede ser similar. 


Al respecto, Rubén Burgos Vargas, reumatólogo del Hospital General de México de la Secretaría de Salud, afirmó que se puede presentar desde los primeros meses de edad y hasta los 16 años. Pero el mayor número de casos se registra entre los 10 y 12 años, principalmente en mujeres. 


La artritis que afecta a niños y adolescentes es de diferentes tipos, pero se define como un grupo de enfermedades crónicas, caracterizadas por la inflamación persistente de las articulaciones, acompañada de dolor, hinchazón, disminución de la movilidad durante más de seis semanas seguidas y sin causa aparente. 


De acuerdo con el grado de discapacidad, puede ocasionar dificultad para caminar, pararse de la silla, dormir y alterar la asistencia a la escuela y las actividades de diversión. 


Detalló que hay diferentes tipos de artritis y de ello depende el daño o la cantidad de articulaciones afectadas. Por ejemplo, algunas invaden pocas articulaciones y otras a todas: manos, pies, rodillas y tobillos. Además de que se acompañan de fiebre y afecciones en otros órganos y sistemas como ganglios, hígado y vaso. 


El especialista señaló que a pesar de desconocerse la causa exacta de estos padecimientos, se sospecha que intervienen trastornos del sistema de defensa del organismo; es decir, que se %u201Cautodaña%u201D.  


Descartó el hecho de que sea hereditaria, ya que no se transmite de padres a hijos en forma directa, ni tampoco tiene que ver con el clima, la humedad, las enfermedades de la garganta, el consumo de carnes rojas o la mala alimentación. 


Burgos Vargas comentó que el desconocimiento de que los niños también desarrollan esta enfermedad, provoca que la mayoría de quienes la padecen en la infancia se diagnostiquen tardíamente, después de semanas, meses e incluso años de inicio de los síntomas. Por ello, cuando llegan con el especialista ya tienen secuelas graves difíciles de controlar. 


Dijo que a la fecha se carece de medicamentos capaces de curar cualquier tipo de artritis juvenil debido a que se desconoce la causa. Sin embargo, se cuenta con tratamientos que reducen las repercusiones, como los antiinflamatorios no esteroideos para el control del dolor, inflamación y fiebre, los glucocorticoides para casos graves y los modificadores del curso de la enfermedad o de segunda línea, para evitar el avance del padecimiento y los que bloquean de forma selectiva a la molécula responsable de la inflamación.  


Además del tratamiento farmacológico, también está el quirúrgico, la fisioterapia y la rehabilitación. En algunos pacientes con tratamiento se logra controlar o incluso curar la enfermedad, pero otros, por su agresividad requieren continuidad y modificación de los esquemas. 


El especialista resaltó la necesidad del diagnóstico oportuno por parte del médico general, quien debe referir al paciente con el especialista, que puede ser el reumatólogo pediatra, internista u ortopedista, ya que es crucial para el futuro del niño el tiempo que pasa entre el inicio de los síntomas y la administración del tratamiento.  


Los principales retos en la artritis reumatoide son la detección temprana y el tratamiento oportuno y eficaz, dirigido a prevenir consecuencias irreversibles en el paciente o incluso, una discapacidad permanente, señaló Ángeles Díaz Ceballos, integrante del Colegio Mexicano de Reumatología.  


Dijo que están en desarrollo nuevos fármacos biotecnológicos con capacidad para identificar las células que dañan los tejidos del organismo, sin afectar las células sanas. Tienen como blanco de acción los linfocitos B, un tipo de célula clave para el organismo que en situaciones normales se encarga de generar los anticuerpos necesarios que después identificarán a los organismos invasores (como bacterias) y las células dañadas por virus u otras enfermedades. 


En los pacientes con AR, al estar dañado el sistema inmunológico, los linfocitos B atacan el tejido sano, generando una cascada inflamatoria que daña el hueso y el cartílago de las articulaciones. Su administración desde fases tempranas disminuye los síntomas y evita la destrucción de articulaciones y huesos que provoca la enfermedad. 

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Equipo de redacción de la red de Mundodehoy.com, LaSalud.mx y Oncologia.mx

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