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Personajes de la Medicina

México D. F., 26 de enero (Redacción LaSalud.com.mx).- Originaria de La Reina, población enclavada en la región montañosa de El Salvador, la doctora Aura Argentina Erazo valle llegó a México para estudiar medicina. Su deseo por convertirse en médico lo heredó de su abuelo, Mónico Solís, el único boticario que existía en su pueblo, a quien acudían las personas de los alrededores para curarse de los males que los aquejaban.


%u201CDecidí estudiar oncología porque, cuando hice mi internado rotatorio en la sala de ginecología del Hospital Juárez, vi el sufrimiento de las pacientes con cáncer cervicouterino o tumores fungantes de mama y era horrible, entonces pensaba que había que hacer algo por estas personas, para ver si se podían tratar de diagnosticar en etapas menos avanzadas%u201D.


A lo largo de los años, la doctora Erazo se ha convencido de que los mayores obstáculos que enfrenta la lucha contra el cáncer son la falta de recursos y la enorme demanda de atención. Sin embargo, sabe que trabajar en el Hospital %u201C20 de Noviembre%u201D ofrece un número considerable de ventajas.


%u201CAquí (en el %u201C20 de Noviembre%u201D) uno tiene acceso a capacitación, a tratar a un número importante de pacientes y a poder participar en proyectos de investigación sobre nuevas técnicas y drogas, ventajas que no son posibles en otras instituciones que no concentran a pacientes oncológicos%u201D.


En 1968, cuando la doctora Erazo ingresó al Hospital %u201C20 de Noviembre%u201D para hacer su residencia en oncología, los especialistas se graduaban en las tres áreas: radioterapia, quimioterapia y cirugía, pues aún no existían como subespecialidades. En 1970 se convirtió en la primera especialista en oncología formada en el ISSSTE.


En 1979 viajó a Estados Unidos, al Hospital M. D. Anderson Institute, en Houston, Texas, para completar su entrenamiento en oncología médica y cuando comenzó su práctica en el área de quimioterapia, ésta contaba apenas con unos cuantos fármacos antineoplásicos orales, como la ciclofosfamida y el methotrexate, que empezaban a demostrar su eficacia, sobre todo en el cáncer de mama y linfomas.


A casi 30 años de distancia de esa experiencia, las cosas han cambiado radicalmente: %u201CEstamos entrando en la etapa de la terapia génica, con terapias blanco específicas. Yo digo que un futuro, los oncólogos vamos a ser %u2018sastres%u2019 porque a un paciente con tales o cuales características, vamos a darle un tratamiento a la medida de su enfermedad; hoy eso cuesta mucho dinero, pero en cinco o diez años llegará a ser una terapia de rutina%u201D.


Para la doctora, el punto de quiebre que dio pie al desarrollo de mejores tratamientos contra el cáncer fue el cambio que se dio en el concepto del cáncer, de una enfermedad local a una sistémica, ocurrido a finales de los años sesenta.


%u201CAntes el error estaba en tratar de parar el problema cortando o radiando el tumor, porque con los años se demostró que, aún cuando se trataba de tumores pequeños, podía haber metástasis a otro sitio, por lo que la única manera de controlar la enfermedad era con un tratamiento sistémico%u201D.


Con cuarenta años de trayectoria, la doctora afirma: %u201CNo pienso jubilarme hasta que, mentalmente, ya no sea capaz de hacer mi trabajo. El día que me retire del Hospital voy a morirme porque no voy a hallar qué hacer, soy una mujer muy inquieta. (Tomado de %u201CMédicos de México%u201D)
 

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