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6 de enero: Día Nacional de la Enfermera y el Enfermero

Cuidado, riesgo y transformación: la enfermería frente a las crisis sanitarias contemporáneas

Por: Redacción

LaSalud.mx .- El Día Nacional de la Enfermera y el Enfermero, conmemorado cada 6 de enero en México, representó a lo largo de su historia un reconocimiento institucional y social a uno de los pilares fundamentales del sistema de salud. Esta fecha fue establecida en 1931 por el Dr. José Castro Villagrana, entonces director del Hospital Juárez de México, quien impulsó el reconocimiento formal del personal de enfermería al considerar su labor como un “regalo de reyes” para los pacientes, subrayando su valor humano y asistencial.

Durante 87 años consecutivos, esta conmemoración visibilizó la dedicación, compromiso y responsabilidad profesional de enfermeras y enfermeros, cuya labor se reflejó de manera cotidiana en la atención clínica, el acompañamiento terapéutico y el cuidado integral de pacientes sin distinción de edad ni condición social. La enfermería se consolidó así como un componente estructural del sistema sanitario, indispensable para su funcionamiento y sostenibilidad.

Este reconocimiento adquirió una dimensión crítica a partir de la pandemia por COVID-19, cuando el personal de enfermería se ubicó entre los sectores más vulnerables, enfrentando riesgos constantes en un contexto de alta exposición. El Consejo Internacional de Enfermeras (CIE) documentó que el número de enfermeras fallecidas tras contraer COVID-19 alcanzó 1 500, frente a 1 097 registradas en agosto, cifra que incluyó datos de solo 44 de los 195 países del mundo, por lo que se consideró una estimación a la baja. Este escenario evidenció la fragilidad de los sistemas de protección laboral y sanitaria para quienes sostienen la atención directa.

En paralelo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) designó al 2020 como el “Año de la Enfermera y la Partera”, en conmemoración del 200 aniversario del nacimiento de Florence Nightingale (1820–1910). Aunque la iniciativa estaba concebida como una celebración global, coincidió de forma inesperada con la mayor crisis sanitaria internacional contemporánea. En este contexto, las enfermeras y enfermeros de todo el mundo asumieron un rol protagónico, operando en primera línea, con jornadas continuas de atención, liderazgo operativo y aplicación de conocimientos clínicos y epidemiológicos para contener la propagación del virus.

Historia de la enfermería en México

La práctica de la enfermería en México se transformó profundamente tras el encuentro de dos mundos, durante el periodo colonial, cuando las diferencias inmunológicas entre poblaciones originarias y europeas desencadenaron epidemias devastadoras como viruela, sarampión, gripe, paludismo, fiebre amarilla y dengue. En ese contexto surgió el Protomedicato, cuerpo médico establecido por los conquistadores como máxima autoridad en medicina, enfermería y salud pública.

En 1804, Isabel de Cendala fue reconocida como la primera enfermera sanitaria de Iberoamérica, al participar en la expedición encabezada por el Dr. Balmis, enviada por Carlos IV, para llevar la vacuna contra la viruela mediante inoculación de brazo en brazo, cuidando a los niños portadores del biológico.

Durante el periodo colonial se inició la educación universitaria con la transformación del Imperial Colegio de la Santa Cruz en la Real y Pontificia Universidad de México. Diversas órdenes religiosas atendieron a los enfermos, mientras que mujeres solteras o viudas realizaban curaciones básicas en hospitales y cárceles, con salarios de 50 pesos anuales, sin requerir licencia ni examen previo.

La formación en enfermería se vinculó inicialmente a las escuelas de parteras, debido a la alta mortalidad materna. En 1831, Ignacio Torres, médico registrado ante el Protomedicato, abrió una escuela de obstetricia con 15 lecciones gratuitas, estableciendo criterios mínimos de alfabetización y evaluación formal. Para 1833, la Escuela de Medicina del Establecimiento de Ciencias Médicas fijó requisitos de edad, moralidad, salud y conocimientos generales para ejercer como partera.

En los hospitales de la Nueva España, las actividades de enfermería fueron clasificadas como servicios auxiliares, con funciones como lavandería, cocina o mensajería, mientras que las parteras se integraban al personal científico, con salarios hasta tres veces mayores.

La profesionalización avanzó a finales del siglo XIX, cuando por acuerdo del Presidente Porfirio Díaz, en 1898 se estableció la Escuela Práctica y Gratuita de Enfermeros en el Hospital de Maternidad e Infancia, bajo la dirección del Dr. Eduardo Liceága. La enseñanza incorporó influencias alemanas y norteamericanas, con figuras como Rose Crowder, Rose Warden, Maude Dato y Gertrud Fedrich. Las primeras subdirectoras mexicanas fueron Eulalia Ruiz Sandoval y María Quiroz.

La Escuela de Enfermería fue inaugurada formalmente el 9 de febrero de 1907, con un plan de estudios de tres años, marcando el inicio de la formación de enfermeras de carrera. En 1911, la escuela se integró a la Universidad de México, antecedente de la actual Escuela Nacional de Enfermería y Obstetricia (ENEO) de la UNAM, donde en 1912 se instauró el primer plan formal para enfermeras y parteras.

A lo largo del siglo XX, la enfermería amplió su formación académica, con la creación de especialidades, licenciaturas, posgrados y sistemas de educación abierta. Instituciones como el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), fundado en 1944, impulsaron la enfermería moderna mediante escuelas propias, cursos de especialización y atención a las necesidades epidemiológicas de la población.

Entre 1994 y 2003, la ENEO fue Centro Colaborador de la OMS, consolidando la enfermería mexicana como un campo académico, científico y estratégico dentro del sistema nacional de salud.

La conmemoración del Día Nacional de la Enfermera y el Enfermero sintetizó una historia marcada por vocación, sacrificio, formación científica y compromiso social. Desde sus raíces coloniales hasta su papel determinante en la pandemia por COVID-19, la enfermería en México evidenció que el cuidado de la salud no solo depende de tecnología o infraestructura, sino de un capital humano altamente especializado, capaz de sostener al sistema incluso en los escenarios más adversos.

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D.E.

Redacción

Equipo de redacción de la red de Mundodehoy.com, LaSalud.mx y Oncologia.mx

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