Existe relación entre el dolor y comportamiento emocional: especialista

   El concepto no es fácil de definir. Sin embargo, la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP, por sus siglas en inglés) conformó en 1979 un panel de expertos para estandarizar su definición: se trata de una experiencia sensorial y emocional que no es placentera y que se relaciona con daño potencial o real de los tejidos, o descrito en términos de dicha afectación.


En palabras más coloquiales el dolor es identificado como la respuesta física normal a alguna anomalía en el organismo. No obstante, en países latinoamericanos, como México, es común que quien lo sufre se administre analgésicos de venta libre y sobrelleve el sufrimiento, pues la cultura de la prevención médica es prácticamente nula.


Aunque haya una entidad internacional que estudia al dolor como tema y tenga una definición para el mismo, el concepto en realidad es tan subjetivo como personas hay en este planeta, es decir, cada uno de nosotros hablará de su propia experiencia, pues no todos somos de la misma forma susceptibles a lo que nos causa molestia física.


Al respecto, la doctora Silvia Allende Pérez, integrante de la Unidad de Cuidados Paliativos y Clínica del Dolor del Hospital Ángeles del Pedregal (en la Ciudad de México) explicó que todos tenemos una memoria para el dolor: %u201CCuando uno nace es por completo virgen a cualquier tipo de dolencia, lo que no quiere decir que el bebé no sienta, y en la medida en que se tienen experiencias en este sentido serán registradas en la mente, y cada vez que se sufra algo parecido se hará una comparación con el evento anterior, de manera que el conocimiento se incrementa con cada nuevo episodio%u201D.


Es importante tener en cuenta también que el dolor se aprende en casa; por ejemplo, si la madre es %u201Capapachadora%u201D brinda cobijo al hijo que sufre, lo protege y le hace un regalo para que el mal momento se olvide; pero cuando ese chico tenga más de 30 años y vaya a ser intervenido esperará el mimo de mamá o de quien esté cerca para sentir alivio. En cambio, si se reprende a un chico por llorar cuando sufre, en el siguiente episodio en que haya dolencia no la expresará, por temor al regaño.


Asimismo, existen factores que influyen en el concepto de dolor de cada persona, como la formación religiosa, cultural o social; por ejemplo, para algunas personas una dolencia es una manera de acercarse a Dios, por lo cual piden al médico que no lo alivie.


%u201CQuienes ahora somos la parte de la medicina que se especializa en esta condición del enfermo tenemos un concepto: dolor total, mismo que incluye aspectos como daño físico, social, emocional, familiar, económico, laboral, de amigos, por mencionar algunos. Sabemos que quien sufre dolor crónico se deprime porque vive varias pérdidas, entre ellas la de su propia salud. Todo el entorno del afectado cambia, y pese a que al inicio recibe apoyo de quienes están cerca, poco a poco se irá relegando y sufrirá en silencio%u201D, añadió la algóloga (especialista médica en el tratamiento del dolor).

Lo que es cierto es que pocas personas saben de la existencia de las clínicas del dolor, entidades en las que se recibe a pacientes con malestar incontrolable y donde el tratamiento convencional no les ha ayudado. En este lugar se evalúa el diagnóstico del enfermo y se implementan medidas para darle solución, y al conseguirlo se remite nuevamente a su médico.


%u201CSe considera que no hay nada qué hacer cuando el médico señala que el malestar es efecto natural de una enfermedad, un problema de salud, un parto o en la recuperación de una intervención quirúrgica. Se trata de un concepto erróneo, que debe cambiar, y la medida para lograrlo puede empezar desde el mismo afectado que exige al médico solución a su dolencia%u201D, refirió la especialista.


Y añadió que el paciente tiene derecho a no sufrir, a tener la mejor calidad de vida, a integrarse a la sociedad, y no hace patente esa facultad en nuestro país. %u201CEn Estados Unidos se presentan miles de casos todos los días de pacientes que demandan legalmente a médicos u hospitales por dejarlos sufrir en una situación que es controlable (negligencia). Experiencias como éstas e iniciativas de entidades protectoras de los derechos humanos y de instituciones de salud han motivado a emprender acciones que brinden mejores condiciones a quienes sufren dolor%u201D, puntualizó Allende Pérez.


Ejemplo de lo anterior son los llamados Hospitales sin Dolor, que desde hace casi 20 años existen en Europa y Estado Unidos, mismos que son certificados y avalados por la IASP. En éstos, médicos y enfermeras son capacitados con las bases técnicas que no tuvieron en la universidad para el tratamiento integral y alivio del dolor. A su vez, el personal administrativo se responsabiliza por que el recinto cuente con los insumos necesarios para el mismo fin y que además estén disponibles para cuando sean requeridos.

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