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Analizan en la UNAM agua y vegetales para detectar virus

La reutilización del líquido en la agricultura podría contaminar alimentos que se ingieren crudos, dijo la investigadora del Instituto de Ecología, Ana Cecilia Espinosa García


En agua subterránea destinada al consumo humano no han detectado virus entéricos, pero sí en las residuales tratadas y crudas


En el mundo, el reciclaje de agua es cada vez más frecuente y eleva  el riesgo de consumir agentes patógenos contenidos en el líquido. Por ello, integrantes del Laboratorio de Ecología Química del Instituto de Ecología (IE) de la UNAM analizan diversos tipos de ese recurso para detectar virus entéricos.


La investigadora de la UNAM, Ana Cecilia Espinosa García, explicó que en la actualidad el agua es escasa, y la que se tiene para realizar actividades como la agricultura no es completamente pura, ni tiene la calidad para consumo humano y podría contaminar los alimentos que se ingieren crudos.


Los virus entéricos se replican en el intestino del infectado y se transmiten vía fecal-oral; sobreviven al ambiente ácido del estómago, a las condiciones del intestino delgado y a diversas enzimas, y también resisten las condiciones del medio ambiente. Provocan enfermedades como hepatitis A y E, gastrointestinales e incluso enfermedades del sistema nervioso central como poliomielitis.


Espinosa García indicó que, desde hace años, analizan estos patógenos en aguas de diferente tipo como la subterránea que se destina al consumo humano y superficial, para actividades recreativas o riego, y de plantas de tratamiento, que se utiliza para irrigación.


Además, trabajan en el estudio de virus entéricos, que pueden permanecer en los vegetales y en las áreas verdes que la gente utiliza para esparcimiento. Se busca determinar qué tanto permanecen en esas superficies y si el contacto con ellas implica un riesgo para la salud, dijo.


Hasta el momento, las investigaciones en agua subterránea han revelado que no está contaminada con esos agentes; sin embargo, las residuales tratadas y crudas, sí; los resultados han sido publicados en revistas internacionales como Water Research y Environmental Health.


También se ha detectado que en zonas como Xochimilco puede presentarse una estacionalidad de los virus, porque en temporada fría (noviembre a febrero) se localizan con mayor frecuencia que en la de calor (abril y mayo).


La población enferma los desecha al ambiente y a las aguas residuales, donde pueden permanecer por periodos prolongados. Se han realizado evaluaciones sobre el tiempo que podrían estar en el líquido y se ha encontrado que, por ejemplo, el rotavirus en agua superficial de Xochimilco permanece activo hasta siete meses, comentó Espinosa.


En tanto, el astrovirus (causantes de gastroenteritis) tiene un periodo menor, pero también permanecen activos por varios meses.


La posibilidad que tienen de subsistir hace que el riesgo de infección se incremente. Además, no es necesario cuantificarlos para considerarlos un riesgo, su sola presencia basta, porque la infección se podría producir con sólo 10 partículas virales que ingresen al cuerpo humano, apuntó.

 

Los estudios de los universitarios también determinaron que, por lo general, en el agua no hay grandes concentraciones de virus entéricos, porque cuando las heces fecales caen a un medio acuoso se diluyen.

En un gramo de excremento puede haber 108 ó 109 partículas virales, pero una vez que entran en contacto con el líquido se disuelven, por lo que en ambientes manejados o un tanto naturales, se podrían encontrar cantidades de 103  ó 104.


Respecto a verduras y pastos, la universitaria refirió que no han encontrado esos patógenos, pues aunque el agua residual tratada contiene el virus, el tiempo que transcurre entre la irrigación y la cosecha puede ser benéfico para que los agentes se inactiven e, incluso, se degraden sin provocar infección.


Cuando esos organismos permanecen en la superficie de los vegetales son proclives a diversos factores ambientales; si están en las hojas expuestas es factible que la luz ultravioleta del sol suprima su actividad, pero si están en las interiores, como las de la lechuga, podrían permanecer semanas.


Con las investigaciones, resaltó Espinosa García, se pretende conocer qué agentes circulan y %u201Cutilizan%u201D el agua y los vegetales como matriz ambiental, que favorecería su transmisión; además, evaluar qué tipo de virus y cuáles subtipos están presentes entre la población mexicana.


%u201CEllo daría la posibilidad de conocer a qué nos enfrentamos y plantear alternativas para reducir el riesgo de enfermedad en la población%u201D, concluyó.



 

Acerca Redacción

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