Reflexiones sobre el lamentable caso del médico residente Luis Abraham Reyes.

Adelanto | Artículo de Opinión
Reflexiones del Dr. Enrique Camarena Robles, Psiquiatra, sobre el lamentable caso del médico residente Luis Abraham Reyes.
Con la autorización expresa de su autor, reproducimos de forma íntegra este ensayo espontáneo en primera persona, escrito por el destacado Dr. Enrique Camarena Robles, psiquiatra, quien reflexiona sobre el lamentable caso del médico residente Luis Abraham Reyes y su trágico desenlace.
En los próximos días, el Dr. Camarena nos concederá una entrevista exclusiva para nuestra sección en Sanamente.mx
Reflexiones
En 1980 realicé mi internado de pregrado en el Hospital Español de la Ciudad de México, nos habían dicho que era uno de los mejores lugares para tener este primer contacto practico con la medicina, y de paso aprender sobre la marcha en el quinto año de la carrera.
En aquel tiempo era un joven sin experiencia, lleno de ilusiones, que con una fe ciega, creía lo que las autoridades de la universidad y del propio hospital prometían.
Muy lejano de la realidad estaba aquel prometedor panorama, las jornadas eran exhaustivas, 36 hrs. de trabajo casi continuo, por 12 de descanso. En algunos servicios no solo era el trabajo, si no el estrés que se vivía, terapia intensiva, urgencias y la unidad coronaria. Si, había servicios “tranquilos”, los pabellones de pacientes de la tercera edad, todos afiliados a la beneficencia española, que funcionaba como asilo. Digamos que era un remanso u oasis, contrastante con el torbellino de emociones negativas que se vivía en los servicios ya mencionados.
Había una forma de “salvar” los niveles de estrés; trabajar afanosamente, con estricta disciplina, y desde luego acatar sin una pisca de desafío o cuestionamiento, a los adscritos y jefes de servicio. Debo de ser justo, no todo eran así, algunos eran democráticos y afortunadamente muy humanos.
¿Aprendíamos?, si, sin discusión, había grandes maestros, tranquilos unos, tiranos otros, sin embargo la mayoría eran indiferentes a nuestros trotar como internos de pregrado. Los residentes de mayor grado, variaban en su actitud, pero si había un suerte de jerarquía militar, no escrita, todo era implícito, nada era explícito. Las órdenes eran verbales, no había una normatividad exacta que definiera o delimitará con claridad cuáles eran nuestras verdaderas responsabilidades, y lo que menos quedaba claro eran nuestros derechos. No niego, que tengo algunos buenos recuerdos de aquel ya lejano año. Pero lo que sí recuerdo con exactitud era cómo esperaba el último día de mi rotación, como si fuera carcelero “rayando” la pared y contando lo días de mi “liberación”.
Todos terminamos, muchos de mis queridos compañeros ahora son grandes médicos, “aguantaron vara”. Pero si yo tuviera oportunidad de cambiar las normas, lo manuales, las reglas explícitas que regulan estos procesos, lo haría con todo gusto.
Toda esta reflexión viene a consecuencia del suicidio hace unos dias de un joven residente de medicina interna, de una institución pública en Monterrey.
El sistema de salud en México está saturado, desbordado y con pocos recursos, los internos y residentes sufren diferentes niveles de angustia, a veces de depresión, y no en pocas ocasiones de abandono, deserción y suicidio. Algunos no pueden con la carga de trabajo, hay una suerte de deshumanización.
Está perfectamente demostrado que el nivel de eficiencia y eficacia disminuye con el cansancio y el estrés. Y si tienes poca resistencia o resiliencia, además de mayor vulnerabilidad, los resultados son catastróficos, como el de nuestro estimado joven residente. A esto le podemos sumar la poca calidad de atención que se brinda cuando el cansancio te embarga.
Actualmente parece que esto ha empeorado, no se puede generalizar, ya que no es la historia de todos los que hospitales de México, pero no es la primera, ni creo que sea la última vez que esto suceda, mientras las cosas sigan igual.
Es claro que se necesitan cambios profundos, mayor inversión de recursos, mejora de la normativa, órganos de vigilancia, mejora de las condiciones laborales de los residentes. Todos salimos perdiendo, médicos, residentes y pacientes.
Este humilde escrito se lo dedico a todos los que han perdido la batalla, en su camino para ser médicos… que en paz descanse este joven médico mexicano.
