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Katalin Karikó, la científica húngara que está detrás de la vacuna de Pfizer

“¡Redención!” fue lo que exclamó la investigadora Katalin Karikó ante el anuncio de los resultados de la eficacia de la vacuna contra el Covid-19 creada por las farmacéuticas Pfizer y BioNTech, según un artículo The Telegraph

Después de casi cuarenta años de esfuerzos, las investigaciones de Katalin Karikó sobre el “ARN mensajero”, usado para llevar a término las vacunas, por fin fueron validadas, lo que ha contribuido a luchar contra la actual pandemia de Covid-19: “Jamás llegué a imaginar que se pondría tanta atención a esta tecnología. No estaba preparada para ser el centro de atención”, comentó Karikó.

En cuestión de semanas esta investigadora húngara, desconocida para la mayoría del mundo, y hoy vecina de Pensilvania, se ha convertido en una celebridad en el mundo científico. Cuando, en realidad, la trayectoria de Karikosu viene de lejos.

Nació hace 65 años en Szolnok, en el centro del país y en plena época comunista, dio su primer estirón en Kisújszállás, lugar en el que su padre trabajaba como carnicero. Apasionada de las ciencias, comenzó a dar sus primeros pasos a los 23 años en el Centro de Investigaciones Biológicas de la Universidad de Szeged, en la que además logró su doctorado. Es en ese instante empezó a interesarse por el ácido ribonucleico (ARN), unas moléculas que entregan a las células una especie de manual de empleo, con la forma de código genético, con tal de que puedan producir proteínas a nuestro cuerpo.

A los 30 años, como especifica la página Hungarian Spectrum, Katalin Karikó provocó su despido del centro, con miras de llegar al otro lado del Atlántico, fue así como en 1985 llegó a la Universidad de Temple de Philadelphia. Eso sí, bajo la Unión Soviética estaba prohibido salir del país con divisas. Sin embargo, la científica decidió vender el auto familiar y esconder el dinero en el osito de peluche de su hija Susan Francia, de dos años. “Iba a ser un viaje de ida. No conocíamos a nadie”, recordó.

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De rechazo en rechazo

Aunque Katalin Karikó pudo emprender su sueño americano, las cosas no se desarrollaron como lo esperaba, porque a fines de la década de 1980 la ciencia no tenía ojos más que para el ADN, visto capaz de transformar las células para curar patologías como el cáncer o la fibrosis quística.

Pero la bioquímica húngara persistió en su trabajo con el ARN, proyectándolo como proveedor de instrucciones para que las células fabriquen dichas proteínas terapéuticas. Una solución que evitaría modificar el genoma celular. Sin embargo, esta tecnología suscitó críticas por sus reacciones inflamatorias, relegando el “ARN mensajero” a un intruso dentro del sistema inmunitario.

Así, en 1990 su primera solicitud de beca de investigación fue rechazada, hecho que en los años siguientes se repetiría de manera multiplicada. En 1995, la Universidad de Pensilvania, en la que luego se convertiría en profesora, incluso llegó a frenar sus ambiciones y a degradarla al rango de simple investigadora. “Normalmente, en este punto, la gente dice adiós y se va porque es demasiado horrible”, expresó al Karikó “Pensé en irme y hacer otra cosa. También me decía que no era lo suficientemente buena o inteligente”.

Pese a los obstáculos, Karikó se aferró a su pasión y se consagró a ella. “Visto desde fuera puede parecer loco, incluso insultante, pero era feliz en el laboratorio. Mi marido siempre ha dicho que era un divertimento para mí. No digo nunca que voy al trabajo, es más un juego”, comentó.

Al mismo tiempo, luchó para hallar la financiación de los estudios de su hija Susan, transmitiéndole gran determinación. La pequeña del oso de peluche terminó siendo becada por la Universidad de Pensilvania, obteniendo además una medalla de oro en remo para el equipo de Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de 2008 y 2012.

En 1997 un sencillo encuentro frente a una fotocopiadora cambió el destino de Karikó, ya que conoció al inmunólogo Drew Weissman, uno de los investigadores para la vacuna contra el VIH y decidieron trabajar juntos y desarrollar una solución que permita que el sistema inmunológico no reconozca el ARN sintético. Su hallazgo fue publicado en 2005 y les generó mucho reconocimiento. El dúo continuó con sus investigaciones y logró después situar su preciado ARN en unas nanopartículas lipídicas. Una especie de revestimiento que evita que se degrade demasiado rápido y a la vez facilita su entrada en las células.

Es gracias a estas técnicas que los laboratorios de Moderna y Pfizer/BioNTech han podido responder hoy a la enfermedad. Las dos vacunas se basan en su estrategia de introducir instrucciones genéticas en el organismo para activar la producción de una proteína idéntica a la del coronavirus, provocando una respuesta inmunitaria.

Por su gran labor y su aplicación, tanto Karikó como Weissman apuntan al premio Nobel. Después de tantos años en los márgenes de la ciencia, la investigadora húngara ocupa de forma merecida un cargo de importancia en el laboratorio alemán BioNTech.

Tras la aprobación de la vacuna, Katalin Karikó se permitió un respiro comiendo un paquete de sus caramelos favoritos. Aún cuando saborea este éxito, sabe que no puede sacar el champán, como lo dijo a CNN: “Festejaremos todo esto cuando los sufrimientos humanos queden atrás, cuando los retos y el mismo periodo terrible que vivimos tengan fin. Esto ocurrirá, espero, este verano, cuando hayamos olvidado el virus y la vacuna. Entonces lo celebraré verdaderamente”.

Fuente france24.com

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