Códigos de Barras de la Vida.

México está entre los primeros cinco países con el mayor número de especies registradas en el proyecto internacional Código de barras de la vida (iBOL, como se abrevia en inglés), cuyo propósito es construir un inventario de la biodiversidad del planeta a partir del estudio genético de cada especie.

De acuerdo con datos proporcionados en la Tercera Conferencia Internacional de los Códigos de Barras, que se celebró en la Ciudad de México en noviembre pasado, el doctor Manuel Elías Gutiérrez, investigador titular de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur), señaló que nuestro país se encuentra sólo detrás de Canadá, Costa Rica, Estados Unidos y Australia.

La posición de México, afirmó, se debe en gran medida a las aportaciones de su institución, que ha generado los códigos de barras de 14,494 especímenes y descrito más de 900 especies animales de manera formal, principalmente peces, mariposas y microcrustáceos.

Para construir un código de barras de la vida, de acuerdo con el doctor, basta con analizar un pequeño fragmento del ADN de un espécimen, mismo que debe ser almacenado a perpetuidad en una colección científica certificada; en el caso de México, Semarnat y Conabio son las responsables de legitimar dichas colecciones.

El fragmento del gen, llamado COI, que se analiza en el caso de los animales se encuentra en la mitocondria de las células y contiene las características evolutivas de la especie e incluso información para determinar su lugar de procedencia. Este fragmento permite diferenciar una especie animal de otra con más de 99 por ciento de precisión, aseguró.

Para identificar a las especies de plantas se emplean un par de genes localizados en el cloroplasto y para los hongos, un gen llamado ITS. En ambos casos, aunque ya se están generando los códigos de barras, aún se buscan mejores alternativas para diferenciar a las especies de cada reino, pues los genes empleados hasta ahora no brindan información que permita alcanzar el nivel de precisión que en el caso de los animales.

La ficha que conforma el código de barras de una especie, además del análisis genético y del nombre de la colección donde se encuentra depositado el espécimen, tiene datos como el lugar donde éste fue colectado (coordenadas geográficas), el  nombre de quien lo colectó e identificó y una fotografía del mismo.

Una vez reunida la información, es enviada al sitio www.boldsystems.org, página que alberga el banco de datos con los códigos de barras de 64 mil 370 especies formalmente descritas, número registrado hasta el 2 de diciembre de 2009.

En el Ecosur, son fundamentalmente tres los grupos de investigación con el mayor número de aportaciones al Capítulo México del Código de barras de la vida. Los líderes de estos grupos son: la doctora Martha Valdez y maestra Lourdes Vásquez, quienes trabajan con peces marinos y de agua dulce; la doctora Carmen Pozo, cuya investigación se centra en las mariposas, y el propio doctor Elías Gutiérrez, quien estudia el zooplancton dulceacuícola (animales microscópicos, como los cladóceros, conocidos popularmente como pulgas de agua).

Sobre los hallazgos hechos por la comunidad científica de la institución a raíz de su participación en el proyecto, mencionó que, en su caso, le fue posible hallar un microorganismo endémico (único del lugar) en el Lago Alchichica, en Puebla, sitio que antiguamente fue el cráter de un volcán. El nombre del microorganismo es Leptodiaptomus garciai.

También descubrió dos nuevas especies de pulgas de agua para la ciencia: Scapholeberis duranguensis y Leberis chihuahuensis, en los estados de Durango y Chihuahua, respectivamente.

En cuanto a los peces, se descubrió una tercera especie de Macabí que habita en las aguas de la Península de Yucatán, de la cual no se tenía conocimiento. Esta nueva especie fue detectada gracias a que se encontraron larvas de la misma; no así de peces adultos, los cuales aún no han podido ser ubicados por los investigadores.

Respecto a la utilidad del banco de datos que contiene los códigos de barras de la vida, el doctor dijo que en el caso del trabajo científico facilitará la tarea de quienes no son especialistas en  la identificación de las especies, pero que necesitan registrar la fauna encontrada en su área de estudio.

Para identificar, por ejemplo, la especie a que corresponde un espécimen hallado en un cuerpo de agua o fragmento de selva, bastará con que el investigador no experto en taxonomía mande analizar el ADN del organismo que le interesa y que ingrese el resultado proporcionado por el laboratorio al buscador de especies de la página. %u201CSi la especie ya está en la base de datos, el sistema le dirá de cuál se trata.%u201D

Además, con los códigos de barras de la vida será posible resolver problemas no sólo académicos, sino de mercado, entre muchos más.

En el caso de los productos del mar, expuso, podrá verificarse si efectivamente la carne que se comercializa es legítima, ya que de un filete de pescado puede tomarse una muestra, analizarla genéticamente y constatar con ayuda del banco si corresponde a la especie que se presume.

%u201CDe este modo no sólo sabremos si se comercializa con peces en peligro de extinción, amenazados o prohibidos, sino que podremos regular el mercado, y evitar que nos vendan gato por liebre%u201D.

Sobre el costo de la prueba genética que un investigador o cualquier otra persona tendría que hacer a un espécimen para cotejarlo con los códigos de barras de la vida, el doctor Elías Gutiérrez mencionó que actualmente cuesta siete dólares, cifra que podría bajar en los próximos cinco años a centavos de dólar en México, gracias a la creación de un laboratorio nacional en el que participan el Instituto de Biología de la UNAM, el Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste (Cibnor) y el propio Ecosur, a través de la red temática Códigos de Barras de la Vida en México (MEXBOL), apoyada por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

En estas instituciones puede ordenarse la realización masiva de estas pruebas, lo que reducirá los costos en el mediano plazo.

 
Contra la biopiratería

 

Otro de los propósitos del proyecto Código de barras de la vida será contribuir al cumplimiento de un acuerdo internacional que, de aprobarse, obligará a las empresas o gobiernos a otorgar una compensación económica a aquellos países donde habite un organismo de cuyo genoma se obtenga algún beneficio económico.

De acuerdo con el doctor Manuel Elías Gutiérrez, actualmente una empresa puede secuenciar el genoma completo de alguna especie y a partir de ello sintetizar un compuesto cuya aplicación se cotice en millones de dólares, ganancia de la que no participa el país o países de donde fue tomada la planta, hongo o animal a partir del cual se creó el nuevo producto, lo que ha despertado la inconformidad de algunos gobiernos, pues es un tercero el que aprovecha los recursos naturales que no le pertenecen.

Para resolver esta pugna, ya existe una propuesta que plantea que 20 por ciento de las ganancias que se obtengan por el aprovechamiento de una especie sean para el país del cual se extrajo. %u201CSi la especie se distribuye en dos o tres países, ese 20 por ciento se dividiría de manera proporcional en función de la distribución de la especie en cada país%u201D.

En este sentido, expuso que %u201Cen la medida que crezca la base con los códigos de barras de la vida, sabremos la distribución de especies por países y a quienes les correspondería algún beneficio en caso de que la propuesta de acuerdo internacional se logre%u201D.

Hasta ahora, junto con México, son 26 países los que han conformado desde hace cinco años el proyecto internacional del Código de barras de la vida, cuyo inicio formal de operaciones será el próximo 1 de julio de 2010, justo en el denominado Año Internacional de la Biodiversidad.

Acerca de Redacción

Equipo de redacción de la red de Mundodehoy.com, LaSalud.mx y Oncologia.mx

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