Más de 21 millones de personas en EU consumen todo tipo de drogas

Un nuevo estudio publicado hace una semana bajo el título Encuesta Anual Nacional sobre Uso de Drogas y Salud, muestra que el índice de consumo de drogas ilícitas en Estados Unidos aumentó de 8 por ciento en 2008 a 8.7 por ciento del año pasado, especialmente en el uso de marihuana, cocaína, éxtasis y metanfetaminas.

Gil Kerlikowske, director de la Política Nacional de Drogas, expresó su malestar por el aumento del número de jóvenes consumidores, entre los 12 y 17 años de edad. Oficialmente, el total de los adictos detectados es de 21.8 millones de ciudadanos en el país, aunque los expertos coinciden en que podría haber muchos más ya que es muy difícil estar efectivamente seguros de que ese es el número real en el mercado más grande del mundo de los estupefacientes.

Por lo pronto, mientras el implacable apetito por las drogas entre los estadounidenses aumenta y con sus adicciones una mayor demanda de sustancias ilegales, las predicciones coinciden en que para finales de la administración del presidente Felipe Calderón en 2012, el número de muertes relacionadas con las drogas en México podría ser superior al estimado de 70 mil personas, con una tasa de alrededor de 50 muertes al día en todo el país. Cegado por su obsesión de ser recordado en la historia como el presidente que derrotó a los carteles de la droga, el panista abrió la puerta a los millones y millones de dólares que ruedan desde Washington para combatir una guerra imposible de ganar y sin sentido que obviamente la llevan ganada las mafias de narcotraficantes y sus clientes hambrientos de drogas al norte de la frontera.

Así que Washington pone el dinero, las armas de alta tecnología, una sofisticada capacitación especial para militares y policías mexicanos, muchos que después desertan y comparten sus conocimientos adquiridos y la información con las organizaciones criminales que los recompensan generosamente, como fue el caso de los Zetas, ahora un cartel independiente, el más temido por sus crueles y sanguinarias técnicas de tortura y el asesinato; la militarización de la frontera común con soldados y miles de miembros de todas las agencias del orden público que no hacen distinción entre los traficantes de drogas, los inmigrantes ilegales, e incluso de ciudadanos estadounidenses de ascendencia hispana. Y por supuesto, Estados Unidos también provee a sus consumidores la droga que necesitan y México pone los muertos: más de 38 mil, según las últimas cifras.

%u201CLas conclusiones (en la encuesta) son desalentadoras, pero no sorprendentes%u201D, dijo Kerlikowske, también conocido como el %u201CZar Antidrogas%u201D. Entre muchas de las conclusiones de la más reciente encuesta aplicada a 67 mil personas y publicado por la agencia del Estado, su gerente, Pamela Hyde, destacó las siguientes: marihuana 167 millones de consumidores, un incremento de 6.1 a 6.6 en tan sólo un año. Por cierto, la yerba pronto será legalizada en California, y es la favorita de los jóvenes de 12 a 17 años de edad; el consumo de cocaína se mantuvo %u201Cestable%u201D, con alrededor de 1.6 millones de adictos; las drogas alucinógenas como el %u201Céxtasis%u201D las consumen más de 1.3 millones de estadounidenses, y medio millón prefieren las metanfetaminas. Pero se justificó al expresar que muchos buscan los estupefacientes a causa de la recesión económica, %u201Cpor lo menos el 17 por ciento de los desempleados gustan de las drogas%u201D, en comparación con el 8 por ciento que sí tienen trabajo y aun así las utilizan.

Entonces la pregunta es: ¿Por qué está el consumo de drogas más alto que nunca en Estados Unidos pese a que México sacrificó más de 38 mil vidas desde 2006 y ambos gobiernos han invertido en la lucha contra la droga alrededor de siete mil millones de dólares a la fecha, incluso el dinero que envía Washington a través de los acuerdos de la llamada Iniciativa Mérida? La respuesta es simple: todos los recursos económicos se gastan en las instituciones militares y policiales, muchos de ellos excesivamente corruptos y algunos tan violentos como los criminales contra quienes luchan. Los presupuestos de ambas naciones avocan el mínimo posible a las campañas contra el uso de drogas y la educación, por lo que es obvio que lo que enciende su adrenalina es patrocinar una solución militar, que genera más violencia y sangre, por desgracia para México.

Y precisamente, el 15 de septiembre, durante la celebración del bicentenario de la Independencia de México, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, envió un regalo muy bonito: su propia evaluación personal de lo que está pasando en este país, lo que demuestra en su análisis lo poco que sabe no sólo la historia de México, sino de Latinoamérica en su conjunto. Señaló que México y América Central tienen ante sí el desafío de una %u201Cinsurgencia%u201D que requiere el equivalente de un Plan Colombia en la región. %u201C%u2026Nos enfrentamos a una amenaza creciente de una amenaza del tráfico de red bien organizada de drogas, es decir, en algunos casos, transformándose en o haciendo causa común con lo que consideraríamos una insurgencia en México y en Centroamérica%u201D, dijo Clinton. Agregó que %u201Cestos carteles de la droga demuestran cada vez más y más los índices de una insurgencia; de repente, los coches bomba explotan donde antes no sucedía%u2026%u201D

Ésa fue su respuesta a una pregunta planteada sobre lo que EU está haciendo para cumplir con su %u201Cresponsabilidad de detener el flujo de drogas hacia el norte y de armas hacia el sur%u201D. En primer lugar, el Ejército Mexicano y la Marina no luchan contra una guerra de guerrillas, como lo hizo en Colombia, donde la insurgencia organizada %u2014las FARC%u2014, era y todavía es una insurgencia que peleó durante décadas contra los gobiernos represivos y oligárquicos que controlan esa nación, y en segundo lugar, lo que ocurre en México es una guerra contra la delincuencia organizada que creció desproporcionadamente desde que Calderón asumió su cargo, y en la que Washington comparte una responsabilidad no sólo por sus leyes permisivas para vender todo tipo de armas %u201Csobre el mostrador%u201D, que luego son exportados al sur de la frontera, pero principalmente debido a su creciente número de consumidores. No debe olvidarse la ley de la oferta y la demanda que siempre es remediada por los proveedores %u201Cadecuados%u201D %u2026y viceversa.

Son muchos los mexicanos que rezan por que el 2012 llegue lo más pronto posible para deshacerse de Calderón y elegir un nuevo presidente que esperemos sea un mexicano con una visión más amplia y que su prioridad sea cumplir con su mayor deber que es proteger al pueblo de este país de más violencia y sangre. Al tiempo, debe encontrar soluciones adecuadas para luchar una guerra que es mucho peor: la corrupción y la pobreza, lo que disminuiría el poder de los matones y los jefes de las mafias sobre policías y los soldados que reciben sueldos de hambre, y los jóvenes desempleados y sin futuro.

Laura Carlsen, directora del Programa de las Américas, advirtió en su último editorial que los comentarios de Clinton, %u201Crevelan las fuertes corrientes dentro del gobierno que buscan profundizar la participación de EU en la guerra contra las drogas en México. Nunca es fácil admitir un fracaso de una política de esta magnitud, o echarse para atrás en la ejecución de acuerdos como el Plan México destinados a los poderosos lobbies, contratistas de defensa y empresas de seguridad privada%u201D, y añadió que tanto el gobierno de Obama, como el Congreso de EU debe demostrar un verdadero valor a fin de reorientar la guerra contra las drogas que está totalmente fuera de control.

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Equipo de redacción de la red de Mundodehoy.com, LaSalud.mx y Oncologia.mx

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